Recordamos a Thomas Alva Edison al tiempo que tratamos de darle su lugar justo en la historia.

La idea de Estados Unidos como cuna de la civilización tecnológica moderna, llega hasta nosotros patrocinada por las guerras de independencia y la idiosincrasia heredada a los colonos británicos. Aderezado con las ventajas industriales y las ideas económicas progresistas de Adam Smith alojadas en La riqueza de las naciones, además el boom de la máquina de vapor. Y es que para la nación autodenominada “americana”, es importante demostrar que en su país anida la semilla del progreso.

A muy grandes rasgos, todos estos factores contribuyeron al desarrollo industrial y tecnológico estadounidense. Más o menos en medio de estas circunstancias históricas, nació Thomas Alva Edison un 11 de febrero de 1847 en Milan, Ohio. Cuando era un niño, un profesor le dijo que era estéril e improductivo y aunque esto lo desmotivó, más adelante se dedicó a vender diarios, para posteriormente trabajar en la oficina de telégrafos mientras su curiosidad lo llevaba a leer incansablemente. No conforme con lo que leía en los libros de ciencia, se decantó por experimentar en búsqueda de nuevos descubrimientos dentro de un vagón de tren abandonado.

Al poco tiempo Alva Edison se dio cuenta que no basta sólo con inventar cosas importantes y legarlas a la humanidad con la finalidad de contribuir al bienestar común. No, el joven Edison con un espíritu empresarial muy cultivado, decidió patentar todas sus creaciones y al día de hoy se conocen un total de 2,235 patentes. Y aquí es donde empiezan las sutiles diferencias entre Edison y el otro gran inventor del siglo XIX y principios del XX: Nikola Tesla.

Algunos insisten en atribuirle el invento del telégrafo, pero sabemos que éste existía dese que Edison era niño.
Algunos insisten en atribuirle el invento del telégrafo, pero sabemos que éste existía dese que Edison era niño.

Como bien sabemos, cualquiera puede patentar cualquier cosa, sea suya o no, y recibir regalías a partir de eso. Lo importante es conseguir la patente antes que el otro. De ahí que existen un sinfín de discusiones en torno a la figura de Edison. Algunos lo siguen viendo como un genio, otros lo ven como un empresario visionario y otros lo ven como alguien que estuvo en el lugar indicado, en el momento indicado.

Las polémicas nos han llevado a reconocer que, de haberlas inventado, algunas creaciones de Edison no son únicamente suyas y más bien las circunstancias históricas llevaron a distintas personas a inventar cosas similares casi al mismo tiempo en diferentes partes del mundo. Lo que sí es cierto es que de una u otra forma Thomas Alva Edison y su leyenda alimentaron el imaginario tecnológico de nuestro tiempo. A continuación, te presentamos tres inventos que son atribuidos al genio de Edison y que realmente no fueron creados por él.

La bombilla eléctrica

Sí, ya lo sabemos, todos tenemos la idea de que Edison inventó el foco, sin embargo, desde 1840 el químico británico Warren de la Rue ya la había desarrollado. De la Rue puso un filamento de platino dentro de un tubo vacío, hizo pasar un poco de gas por él y al contacto con la electricidad el tubo irradiaba luz. Los altos costos hicieron inviable la comercialización del producto. Lo que sí consiguió Edison fue mejorar la tecnología de iluminación por arco y a través de un filamento más sólido creó una mejor bombilla y estimuló la aparición de un sistema de distribución eléctrica. Paso seguido, creó la Edison General Electric Company, con la finalidad de mejorar su producto.

La silla eléctrica

Este polémico invento es atribuido constantemente a la inventiva de Edison, pero quien desarrolló el sistema de conducción de electricidad a través del cuerpo fue un trabajador suyo, Harold P. Brown, el cual fue contratado específicamente para esa tarea. Incluso la silla eléctrica funcionaba con el sistema de corriente alterna desarrollado, sí, por Nikola Tesla, el cual es más eficiente que el sistema de corriente continua inventado por Edison. Algunos argumentan que este invento se atribuye a Edison porque el inventor se encargaba de difundir el trabajo de Brown.

La cámara de cine

Ni Edison, ni los Lumière. En 1878 Eadweard Muybridge, capturó con una cámara de fotos un caballo galopando, luego las montó sobre un estroboscopio y el caballo se movía. Ese es el principio de la cámara de cine, luego William Dickson, otro empleado de Edison, realizó una serie de experimentos con imágenes en movimiento. Dickson logro entonces el principio de las películas en celuloide, pero Thomas Alva Edison desacredito la idea e insistió en el uso del Kinescopio, la cual muchos consideran la primera cámara de cine.

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Existe una historia consensuada sobre la genialidad de Edison, lo cierto es que sólo podemos pensar en una persona entusiasta, con visión empresarial que supo rodearse de la gente indicada para crear cosas impresionantes.

Muchos años después, en 1955 en San Francisco, California, nació Steve Jobs, alguien con características similares, lleno de buenas ideas, que supo rodearse de la gente indicada para trazar, al igual que Edison, los perfiles tecnológicos de hoy en día y creó una compañía sustentada en su ingenio para hacer negocios. Tal vez la característica más grande que comparten ambos nombres, es que se trata de figuras que son valoradas más allá de sus dimensiones reales. Visionarios sí, pero genios es una palabra que podría quedarles grande.

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