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Las 100 mejores películas de la década

Les dejamos una lista exhaustiva con nuestra selección de las 100 mejores películas de la década que termina.

Época de paz, época de amor, época de tráfico, neurosis y listas interminables. Por fin, hemos llegado a ese esperado momento del año en el que escogemos el legado de los últimos 365 días; y, en el caso de este caótico 2019, de los últimos diez años. Es inevitable: tenemos que unirnos a los conteos de lo mejor que le ha sucedido al cine de género en los últimos diez años; diez años en los que nació Código Espagueti; 10 años en los que se afirmó el cine de superhéroes; 10 años llenos de locuras y revisiones genéricas. Por eso, les traemos nuestra lista con las cien películas (y algunos añadidos) que más han tocado nuestro ñoño corazón en estos últimos tiempos.

Por supuesto, como toda lista, tuvimos que dejar muchas cosas fuera. Aquí no verán muchas películas de Disney o de DC y tal vez nos pueden reclamar que faltaron muchas cosas. Pero no queríamos darles un repaso por lo evidente: la idea de una lista -que, como toda selección, excluye- es que sea personal, revele un gusto y despierte curiosidad. Esta lista no es para que reconozcamos lo que compartimos, sino para que platiquemos lo que nos falta compartir. Con todo, queremos presentarles cine que nos fascina, cine que no necesariamente van a encontrar en todas las listas de cariño geek y cine de una amplia variedad de países. Esperamos que les interese nuestra larga selección y que les sirva para revalorar lo más extraño, hermoso y demencial del cine de género en el mundo.

100 – Rogue One: A Star Wars Story, Gareth Edwards (EUA, 2016)

Para iniciar nuestra lista, escogimos la mejor cinta de Star Wars de la década. Gareth Edwards logró, con Rogue One, regresarnos a la parte más oscura de la galaxia, la parte de los hombres comunes con decisiones morales complejas, tras bambalinas de la épica, en el sentido verdadero de la guerra. Esa vivencia oculta y oscura, junto a una secuencia final imprescindible, demuestran que Rogue One fue la única cinta en la década que nos llevó a trascender el fandom tóxico y las necesidades conservadoras, para entregarnos un nuevo clásico de la saga galáctica.

99 – Dearest Sister, Mattie Do (Laos, Francia, Estonia, Eslovaquia, 2016)

Dearest Sister es una película que no siempre funciona. Por momentos, sus actuaciones pueden parecer torpes y su estilo visual empantanado. Sin embargo, el segundo largometraje de Mattie Do es una interesante exploración de las relaciones sociales en Laos y una adaptación libre e intrigante del ballet La Bayadère. Una película que desplaza el tiempo de los fantasmas y que proyecta el horror social para que el espectador no pueda sentir ningún tipo de alivio en su resolución. Triste y efectiva cinta de horror de un tremendo talento emergente.

98 – Somos lo que hay, Jorge Michel Grau (México, 2010)

Somos lo que hay es una de las mejores películas de terror mexicanas de la década. Realista y brutal, la ópera prima de Jorge Michel Grau dio vida a una nueva voz en el terror nacional. Idiosincrática, vivencial y reflexiva, esta cinta entiende el canibalismo como símbolo y muestra un espejo brutal de las realidades familiares mexicanas. Una locura gustosa.

97 – Shin Godzilla, Hideaki Anno y Shinji Higuchi (Japón, 2017) / Pacific Rim, Guillermo del Toro (EUA, 2013)

En nuestra primera categoría compartida tenemos dos películas de Kaijus que marcaron la década. Por un lado, fuera del canon de Toho, está la brillante carta de amor de Guillermo del Toro al cine de monstruos gigantes. Una película con espesura, contexto y brillante sentimiento lovecraftiano que, sin duda, ha sido una de las más brillantes recreaciones del género Kaiju en Hollywood. Por otro lado, está el regreso de Toho, un regreso oficial que enmarca el cine de monstruos gigantes en la lógica demente de los problemas burocráticos del Japón contemporáneo. Con todo esto, Shin Godzilla -o Godzilla vs el canal del congreso- es pura diversión, pura nostalgia y pura genialidad. Una gran doble función.

96 – As boas maneiras, Juliana Rojas, Marco Dutra (Brasil / Francia, 2017)

Una de las más originales e interesantes películas de licantropía contemporáneas. Aquí estamos lejos de John Landis y, sin embargo, su legado está en tiernas manos. Ésta es la historia de un romance inesperado entre una enfermera y una joven rica de Sao Paulo embarazada de un pequeño hombre lobo. Pero, también, es la historia de desigualdades sociales y violencia, de racismo y de maternidad en el brasil de estos turbulentos días. No se dejen espantar por el CGI deficiente o las transformaciones torpes: este cuento de hadas tiene mucho que dar más allá de las primeras impresiones.

95 – J’ai Perdu Mon Corps, Jérémy Clapin (Francia, 2019)

Jérémy Clapin pasó buena parte de las pasadas décadas creando brillantes cortos de animación como Une histoire vertébrale (2004) y Palmipédarium (2012). Ahora, por fin, en 2019, estrenó un largometraje que cautivó profundamente a las audiencias de Cannes y que se llevó el prestigioso Grand Prix de La Semaine de la Critique. Estrenada internacionalmente en Netflix, esta joyita romántica (sin nunca ser cursi), inusual (sin nunca ser exótica) y surreal (sin nunca pretenderlo), es una de las más originales, ambiciosas y ricas películas de animación de la última década.

94 – Jallikattu, Lilo Jose Pellisery (India, 2019)

El cine de Jose Pellisery es profundamente kinético. Pero nunca, una de sus películas había llegado a tal nivel de maestría en la manera de filmar secuencias imposibles de acción. Jallikattu es una absoluta locura y un inesperado logro cinematográfico. Además, ésta es una intensa reflexión sobre lo que nos hace humanos en la barbarie (porque lo primitivo nunca es un pasado olvidado) y una ilustración maravillosa del gran poemínimo de Efraín Huerta: “El hambre es la medida de todas las cosas”.

93 – Lo and Behold: Reveries of the Connected World, Werner Herzog (EUA, 2016)

El hermoso documental de Herzog sobre la tecnología y sus implicaciones a futuro es una pregunta honesta. A diferencia de muchos otros documentales, la voz de Herzog aquí no se impone y, por una vez, el documentalista se deja llevar por la enorme sorpresa que le causa su objeto de estudio. Ésta es la muestra paranoica y exaltada de la brecha generacional en el desarrollo tecnológico. Y, de paso, tiene algunas de las más hermosas escenas de amor entre hombres reales y robots.

92 – Laissez Bronzer les Cadavres, Hélène Cattet y Bruno Forzani (Francia / Bélgica, 2017) / Revenge, Coralie Fargeat (Francia, 2017)

Dos enormes westerns absolutamente creativos. Por un lado, la última de las locuras ultra estilizadas de Cattet y Forzani y, por el otro, la belleza de revenge exploitation feminista del debut de Coralie Fargeat. Estas dos películas se responden perfectamente en el auge de nuevas perspectivas de género en Europa y nos demuestran, que más allá de su solemnidad y traumas cerebrales, los franceses pueden hacer cine de acción increíblemente elaborado que no le pide nadie a las obsesiones tarantinescas.

91 – Train to Busan, Yeon Sang-ho (Corea del Sur, 2016) / La Nuit a Dévoré le Monde, Dominique Rocher (Francia, 2018)

En esta hermosa doble función tenemos a dos películas de zombies tremendamente originales. Por un lado, está una obra expansiva, con mecánicas clásicas, pero adaptadas a la precisa y cruenta forma de filmar acción de los coreanos. Train to Busan recuerda constantemente los túneles de Snowpiercer y las golpizas con martillo de Old Boy en medio de una locura desgarradora de fin de mundo. Por otro lado, La Nuit a Dévoré le Monde es una obra contenida, de crudo realismo, que muestra los potenciales horrores claustrofóbicos de un apocalipsis zombie. Ambas cintas se responden en las necesidades de nuestra década que oscila entre la nostalgia de los viejos géneros y la necesidad de transformarlos.

90 – Border, Ali Abbasi (Suecia, 2018)

Otra joya que se vio muy poco en México y que renueva el género tan gastado de la fantasía. Una película que parece un capricho cursi y termina siendo un llamado brutal de la especie y una advertencia hacia los peligros del amor romántico en tiempos de supervivencia. Inventiva, tétrica y francamente desgarradora, ésta es una de las únicas películas de fantasía que verdaderamente ha valido la pena en la última década.

89 – Thelma, Joachim Trier (Noruega / Suecia / Dinamarca / Francia, 2017)

Thelma es una hermosa y retorcida historia sobrenatural sobre el poder de la fe y el nacimiento de un nuevo profeta; un profeta para nuestros tiempos; un profeta egoísta. Con una magistral actuación reprimida de Eili Harboe, ésta es una de las más extrañas, pero más intrigantes películas del director nórdico Joachim Trier.

88 – Steve Jobs: The Man in the Machine, Alex Gibney (EUA, 2015)

The Man in the Machine es un documental valiente que no señala con el dedo sin voltear a ver al hombre detrás de la cámara, un ejercicio único de enunciación consciente, una película imperdible para todo aquél que quiera conocer la historia, mucho más matizada, de uno de las figuras que dio vida a nuestro caótico siglo XXI. El experimentado documentalista Alex Gibney evita caer en los clichés fáciles, en las entrevistas amarillistas o en los descubrimientos a medias y presenta, más bien, una de las reflexiones más honestas sobre el gigante de Silicon Valley; un hombre que pudo ser recordado como un enorme villano del capitalismo más salvaje y que, en vez de eso, está glorificado en cada mención, en cada producto, en cada esquina.

87 – Looper, Rian Johnson (EUA, 2010) / Predestination, Michael y Peter Spierig, (Australia, 2014)

Rian Johnson sabe provocar a fandoms recalcitrantes. Desde que tomó el proyecto de Brick para darle un giro al neo-noir hasta la manera tan violenta en la que mostró la toxicidad del fanbase de Star Wars, pasando por su mofa al género del heist en The Brothers Bloom, Johnson se divierte con estructuras anquilosadas de género. Así, mientras destruye, construye. Y Looper es una de las más creativas propuestas para revivir, en un nuevo espectro creativo, las paradojas temporales. Frente a esta gran película de un gran provocador hay una provocación aún más grande: Predestination de Michael y Peter Spierig. Porque esta reescritura demente de Heinlein muestra las posibilidades infinitas de las tramas temporales… hasta sus más retorcidas y perversas consecuencias.

86 – Upstream Colour, Shane Carruth (EUA, 2013)

La segunda cinta de Shane Carruth es la gran continuación de un lenguaje fílmico único. Carruth es el creador de una ciencia ficción alucinante, independiente hasta el tuétano, libre, lúdica y cruda. Como bien dijo nuestro antiguo y glorioso editor, don Trino Leguízamo, éste es el creador de una verdadera ciencia ficción de cartón; porque el tipo que hace una nave espacial con una caja y te convence de que puedes llegar con ella al espacio. Aquí, Carruth nos convenció de alargar la paradoja del huevo y la gallina hasta lugares increíbles. Una joya discreta de ciencia ficción retorcida.

85 – Monsters, Gareth Edwards (EUA, 2011)

La ópera prima de Gareth Edwards es una joya paciente de bajo presupuesto. Sostenida en las excelentes actuaciones de sus dos protagonistas, en la valiente labor de un equipo que trabajó meses en la carretera y en una postproducción impecable, Monsters logra capturar un realismo poco antes visto en una película de contacto alienígena. Filmada más en el estilo de un documental guerrillero que en el de una ficción admitida, la cinta esconde, en los pliegues de una trama llena de suspenso, una interesante reflexión sobre las implicaciones de encontrar vida en otros planetas… o de que esta vida nos encuentre.

84 – The Raid, Gareth Evans (Indonesia, 2011)

Después del 11 de septiembre 2001, el género de acción se agotó en Estados Unidos. No más mostrar la ineptitud de gobiernos salvados por individuos o la perversidad del ejército o la incorrección política ochentera y noventera: estos son otros tiempos. Por suerte, en Asia, el cine de acción nunca paró, nunca claudicó y siempre evolucionó con nuevas formas rápidas y violentas. The Raid es la mejor prueba de esta nueva era irreverente, kinética e inagotable de las artes marciales.

83 – One Cut of the Dead, Shin’ichirô Ueda (Japón, 2018) / Halley, Sebastián Hofmann (México, 2012)

Estas dos películas mostraron dos vertientes nunca exploradas del género zombie. Por un lado, la metanarración de comedia y, por el otro, el drama intimista. La cinta de Shinichiro Ueda es una joya que enloqueció a Japón. Se trata de una película absolutamente original que renueva el género de zombies haciendo una oda al azar de las filmaciones y las dificultades secretas de los sets. Una comedia explosiva que es genuinamente graciosa y perfectamente inteligente. Por el otro lado, Halley es una rareza ambiciosa, de enorme carácter fílmico y de acertadas decisiones estéticas. Una bella cinta sobre un zombie solitario y la maldición de estar muerto en vida, aislado, en descomposición. Dos joyas en contraste que fueron, sin duda, lo más elegante y ambicioso de un género gastado.

82 – What We Do in the Shadows, Taika Waititi (Nueva Zelanda, 2013)

El mockumentary irreverente que dio fama internacional a Taika Waititi sigue siendo una de sus mejores películas. What We Do in the Shadows es una historia de coming of age, como las que siempre ha acostumbrado Waititi, pero también es un juego ingenioso con los géneros y la idiosincrasia neozelandesa. Emocionante por sus implicaciones para el cine indie y divertida hasta la sangrienta pulpa.

81 – First Man, Damien Chazelle (EUA, 2018)

Sin aspavientos patrióticos, sin necesidad de grandes despliegues ideológicos, esta cinta mezcla lo íntimo con lo universal jugando entre el granulado de 16mm y la hermosura amplia del IMAX. Con dos actuaciones geniales de Ryan Gosling y, sobre todo, de Claire Foy, Damien Chazelle tejió un relato único sobre la fragilidad humana y la enormidad de sus aspiraciones. First Man es una de las mejores películas que jamás se hayan hecho sobre la exploración espacial: una mirada coherente, brutalmente cruda y admirativa sin emociones superfluas. Finalmente, la mejor obra de Chazelle a la fecha es un imperdible añadido a las películas que se deben disfrutar en enormes formatos de pantalla para seguir soñando con las estrellas.

80 – Drive, Nicolas Winding Refn (EUA, 2011)

Un cuento de caballerías moderno, Perceval en cuatro cilindros, Drive es una joya para esta época. La estética neón y la actuación low key de Gosling acabarán pareciendo recursos trillados en la imaginación desgastada de Winding Refn. Pero, en ese 2011, eran algo transgresor y hermoso. Así elijo recordar Drive.

79 – The Love Witch, Anna Biller (EUA, 2016)

Después de su intrigante debut en 2007 con Viva, Anna Biller se ha convertido en una figura única, ícono de su propia estética. Su cine feminista, fuertemente contestatario del exploitation sexual de los años setenta y fascinado con las posibilidades del technicolor ha creado algunas de las más interesantes imágenes de comedia y horror en los últimos años. Violenta, sardónica, sensual y reflexiva, The Love Witch es una rareza inestimable para nuestras épocas de constante añoranza: Biller nos confronta con la desgastada nostalgia y la revierte para entender el lugar de la mujer en el cine de horror y las fuertes implicaciones que ha tenido en lo más íntimo de nuestros cariños.

78 – Cosmopolis, David Cronenberg (EUA, 2012)

Esta adaptación de la tremenda novela de Don Delillo es una joya máxima del Cronenberg tardío. Lejos estamos del body horror o de las exploraciones psicológicas de nuestro podrido mundo. Esto es algo más, una alegoría, un paseo demente, un retrato paciente de lo que significa despertar en el siglo XXI.

77 – Diary of a Teenage Girl, Marielle Heller (EUA, 2015)

En los últimos cuatro años, Marielle Heller parece haberse adueñado del mundo: en ese corto periodo de tiempo sacó esta maravillosa adaptación de la novela gráfica The Diary of a Teenage Girl: An Account in Words and Pictures de Phoebe Gloeckner; la hermosa y perturbadora Can You Ever Forgive Me? y, recientemente, la multipremiada A Beautiful Day in the Neighborhood. Sin embargo, entre tantos éxitos, nadie ha podido olvidar la genialidad de su primera obra: un retrato sensible, inventivo y francamente genial de los dolores de crecer, encontrar un lugar en el mundo y expresar una sexualidad confundida. Una verdadera belleza.

76 – Upgrade, Leigh Whannell (Australia / EUA, 2018)

Upgrade apareció de la nada como una patada de talón en la nuca. Esta cinta parecía un regreso a la ciencia ficción de acción noventera que abanderaron John Wick y Atomic Blonde, pero se convirtió en una joya única de ciencia ficción. Hasta ahora, Leigh Whannell nada más escribía proyectos para su compadre James Wan, lo que lo llevó a hacer basuras como la serie de Insidious y Saw III. Pero, en cuanto agarró independencia para escribir y dirigir, nos regaló la mejor cinta de acción ñoña de la década. Upgrade es una inventiva, trepidante y original mezcla de neonoir futurista, body horror y acción ultra violenta que no te deja respirar medio segundo. Si no han visto esta joya corran a toparla porque con Upgrade es evidente, amigos míos, que el cyberpunk no ha muerto.

75 – Jim and Andy: The Great Beyond, Chris Smith (EUA, 2017)

No hay corazón geekero de los noventa que no tenga un lugar especial para Jim Carrey. En este gran documental ese amor se convierte en miedo y admiración. Chris Smith editó escenas nunca antes vistas de la transformación de Carrey para interpretar al mítico Andy Kaufman en la cinta de Milos Forman, acompañadas de una narración desgarradora por parte de un hombre que destruyó su alegría para hacer reír a otros. Ver esta cinta es presenciar, pues, el sacrificio de un ídolo contemporáneo.

74 – Take Shelter, Jeff Nichols (EUA, 2011)

Desde 2011, Jeff Nichols había entendido la paranoia de una década naciente. Y contó esas intuiciones con uno de los actores más interesantes de nuestro tiempo, el enorme Michael Shannon. Desgarradora, consciente y sorpresiva, Take Shelter es el contrario a los apocalipsis de Emmerich, porque aquí, de hecho, sin moral ni redención, nos enfrentamos a la forma más íntima de vivir el fin del mundo.

73 – The Revenant, Alejandro G. Iñárritu (EUA, 2015)

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Muchos odian el cine de Iñarritu y los entiendo. Aún así, creo que el insoportable director mexicano hace películas interesantes. Y The Revenant es una encantadora idea sobre la conquista del territorio americano, sobre el incipiente mercantilismo que fundó los sueños de prosperidad y lo que significaban las grandes extensiones del despoblado que obsesionaron a Fenimore Cooper. Dejen la luz natural del Chivo, dejen los planosecuencias impostados o las ridículas pompas de la Academia, ésta es una cinta impresionante porque recrea los sueños salvajes de un territorio que ya sabemos conquistado… y que ahora, sin que dejemos de aplaudir, nos conquista.

72 – Don’t Breathe, Fede Álvarez (EUA, 2016)

Pocos entendieron lo que representa Don’t Breathe en el panorama del horror americano. Ésta es una cinta sobre el abandono de Detroit y los seres humanos que quedan olvidados tras grandes crisis económicas. Fede Álvarez retrató un escenario de miseria tal, de hacinamiento y de abandono, que pasó rápidamente al exploitation sin detenerse en las mieles del mal llamado “Elevated Horror”. Y, sin embargo, ésta cinta es la hermana espiritual de It Follows (otra cinta de amor y odio a Detroit) y Get Out (otra cinta de exploitation con una alta carga social). Don’t Breathe es un imperativo, dice algo, grita y muestra cómo la pobreza y la violencia son fenómenos inseparables.

71 – Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance), Alejandro González Iñárritu (EUA, 2014)

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Esta película me parece importante más allá de su espectacular plano secuencia o la música hipnótica de Antonio Sánchez o su fútil relación con una crítica cultural al cine de superhéroes. Como otras películas de Iñárritu, Birdman es interesante más allá de las pretensiones limitadas de su director. Porque esta cinta habla de libertad creativa y de imaginación caprichosa, de cine y teatro y literatura liberada entre dos vasos de whisky y un cuento violento de Raymond Carver. Eso, aunque sea poco, me basta y me sobra.

70 – La Región Salvaje, Amat Escalante (México, 2016)

La joya de ciencia ficción de esta década en México fue hecha por Amat Escalante y estoy dispuesto a discutirlo con quien quiera. Esta cinta sensiblemente inspirada en la historia de un matrimonio de Żuławski (Possession), cuenta una paradoja humana: viviremos eternamente buscar el inasible fin del deseo, pero, si lo tuviéramos, seríamos profundamente infelices. Con eso, un pulpo alienígena es sólo el principio de una eterna anécdota; del mal chiste de Dios.

69 – Spring Breakers, Harmony Korine (EUA, 2013)

Pocos entendieron la genialidad de Spring Breakers. Con esta cinta irreverente, más allá que The Beach Bum, Harmony Korine hizo una lectura espectacular del racismo y de la apropiación cultural en Estados Unidos. ¿Cómo pasó el Hip-Hop de ser un acto rebelde a convertirse en una forma de pop para jóvenes blancos privilegiados? ¿En qué sentido Vanessa Hudgens puede pasar por encima de la mafia negra de San Petersburgo, Florida, y manejar su Maserati hacia el atardecer? ¿Por qué siempre ganan los mismos? ¿Por qué la cultura de protesta que grita la injusticia acaba siendo el equivalente de un piano en el ocaso tocando a Britney Spears? Korine, claro, no responde, pero sus preguntas, sin duda, inquietan.

68 – Get Out, Jordan Peele (EUA, 2017)

La película debut de Jordan Peele agarró al mundo totalmente desprevenido con una reimaginación de The Stepford Wives (1975) enfocada en el racismo. Y la cinta pateó como todas las buenas conciencias liberales americanas. Porque Get Out no critica simplemente al racismo persecutor de los campos de algodón sino que va mucho más lejos para crear un mordaz comentario sobre el peligro de pensar, en Estados Unidos, que ya existe una nación “post racial”. Brutal, ingeniosa y brillante cinta de horror social.

67 – Grave, Julia Ducournau (Francia, Bélgica, 2017) / Respire, Mélanie Laurent (Francia, 2014)

Esta categoría compartida tiene a dos grandes coming of age dirigidos por dos directoras interesantísimas. Por un lado, Mélanie Laurent hizo el cuento trágico y violento de un asesinato con un tenso suspenso psicológico pocas veces igualado. Por el otro, Grave revitalizó el subgénero de caníbales con una nueva percepción sobre los deseos heredados y la vida natural de modernos vampiros sin dientes. Dos películas que se responden en el aislamiento y el horror de ser adolescente y descubrirse como un ser que desea en una sociedad de culpas.

66 – Logan, James Mangold (EUA, 2017)

Una de las pocas películas de superhéroes que entra en nuestra lista por revalorar un personaje, una franquicia y el cariño de tantos fans. La única película de X-Men que, verdaderamente, comprendió lo que requerían estas historias de ostracismo y desprecio. Old Man Logan para el público masivo, Hugh Jackman y Patrick Stewart en un comentario metarreferencial y una carta de amor al mutante que forjó a una generación.

65 – Inherent Vice, Paul Thomas Anderson (EUA, 2014) / Under the Silver Lake, David Robert Mitchell (EUA, 2019)

Estos dos grandes directores reaparecerán en nuestra lista, pero aquí, mientras, se encuentran como compañeros de pelea stoner. Tanto la adaptación de la hilarante novela de Pynchon, como la locura original de Mitchell son cartas de amor al detective marihuano, el eterno perdido que deambula por Los Ángeles y se pierda en las calles soleadas y los excéntricos habitantes de los malecones. Ambas son películas sobre el fin de una era con grandes significados y la paranoia de lo que nos queda, la postverdad y la verdad relativa, las noticias falsas y un mundo que se derrumba bajo el peso del absurdo.

64 – Clímax, Gaspard Noé (Bélgica, Francia, 2018)

La locura lisérgica de Gaspard Noé es mucho más que una pesadilla rocambolesca. También, es mucho más que su genial secuencia de baile y mucho más que su violencia final. Clímax, más bien, es un retrato despiadado de la sociedad francesa, desgarrada entre el racismo, la xenofobia, la intolerancia y la misoginia. Una películas tan honesta como crítica y una de las mejores representaciones de un mal viaje de ácido en el cine.

63 – Inside Out, Pete Docter (EUA, 2015) / The Lego Movie, Christopher Miller y Phil Lord (EUA / Dinamarca / Australia, 2014)

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Reseña: Inside Out

Puse estas dos películas en la misma categoría porque me parecen estar diciendo algo similar. Estas dos joyas de animación americana hablan de la pérdida de la imaginación y la libertad de la infancia. En realidad, no son películas para niños, sino para millennials nostálgicos. Sin embargo, por una vez, la nostalgia no pasa por las falsas luces de unos años ochenta reconstruidos (te hablo a ti Stranger Things), sino que entreteje, con singular inteligencia, un trasfondo emocional complejo. El abandono de los amigos imaginarios y el abandono de la libertad creativa en las figuras de LEGO viene del mismo lugar triste e irrecuperable, un lugar en el que Hollywood piensa sobre la pérdida de la empatía entre personas y la triste condición de nuestros cariños abandonados.

62 – John Wick, Chad Stahelski (EUA, 2014)

Chad Stahelski se forjó como stunt y coordinador de efectos especiales para películas que sellaron el destino del cine de acción americano como Matrix (1999) antes de lanzarse en un proyecto particularmente ambicioso. John Wick se creó a medio camino entre una caricaturización del revenge exploitation, la estética comiquera de Edgar Wright en Scott Pilgrim y las películas de acción del sureste asiático. El resultado fue una franquicia enormemente exitosa que cimentó a un nuevo superhéroe sin licras, a una nueva estrella internetera, como Keanu Reeves. Además, por si fuera poco, creó una nueva fascinación por las artes marciales de efectividad brutal y sin florituras. Una joya de acción que marcó sin retorno el cine espectacular de la última década.

61 – Goodnight Mommy, Veronika Franz y Severin Fiala (Austria, 2014)

Goodnight Mommy fue una absoluta revelación. Veronika Franz, después de tantos guiones escritos con su esposo, Ulrich Seidl, decidió explorar traumas propios y locuras propias. El resultado es una gran película de horror psicológico que se adentra, de nuevo, en la paranoia de esta década. Una paranoia que se extiende al interior del hogar y a las almas siempre inmaculadas de los niños.

60 – A Girl Walks Home Alone at Night, Ana Lily Amirpour (EUA, 2014) / Only Lovers Left Alive, Jim Jarmusch (Reino Unido / Alemania, 2013)

El subgénero de vampiros no ha muerto gracias a las locuras de Jarmusch y el talento emergente de Ana Lily Amirpour. Dos películas enormemente ambientales, llenas de contextos ricos de cultura en las ruinas de un Detroit y una Teherán inventados. Fantasías de origen, fantasías de amor prohibido, fantasías de sensualidad musical única. Joyas que dialogan hermosamente entre ellas, mientras sus protagonistas bailan en eternos círculos.

59 – Kubo and the Two Strings, Travis Knight (EUA, 2016) / Anomalisa, Charlie Kaufman (EUA, 2015)

La cuarta cinta de Laika y el debut como director de Travis Knight es una reinvención del folklore japonés que elabora un hermoso cuento sobre la muerte, la pérdida y el valor de no ser eternos. Con una animación simplemente pasmosa, esta hermosísima historia se guarda junto a los más grandes mitos contemporáneos y nos entrega la película más espectacular que se haya hecho jamás en stop-motion. Una verdadera experiencia de emociones violentas y buscada voluntad de no trascendencia; un cuento para niños que no infantiliza a su público, una cinta para todos que reflexiona, sin rodeos, sobre la muerte y su necesidad. En contrapunto, el stop-motion inventivo y rico de Charlie Kaufman nos mostró la enorme capacidad del guionista por representar los más sutiles miedos psicológicos. Actuada por la armada de un sólo hombre que es Tom Noonan, esta cinta representa el miedo a no ser excepcionales y encontrarnos atrapados en la espiral demente de nuestro propio ego. Compleja y hermosa exploración de la masculinidad y su poca competencia para tratar con enfermedades mentales.

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58 – The Invitation, Karyn Kusama (EUA, 2015)

Una de las joyas slow burner de horror que revolucionó el horror social de la década. El asunto aquí, más allá de los problemas de violencia, racismo y pobreza de otras películas en nuestra lista, es la necesidad de creer en alguna fuerza superior y la propagación de los cultos religiosos en Estados Unidos. Terriblemente tensa, misteriosa y con un twist brillante, la cuarta cinta de Karyn Kusama es, sin duda, su obra maestra.

57 – High-Rise, Ben Wheatley (Reino Unido, 2015) / Snowpiercer, Bong Joon-Ho (Corea del Sur / República Checa, 2013)

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Reseña: High-Rise

En otra de las reflexiones sociales del siglo, tuvimos dos películas que adaptaron obras literarias impresionantemente ricas en implicaciones políticas. Por un lado tenemos la brillante adaptación de la novela de Ballard, High-Rise, al contexto posterior a Margaret Thatcher por el loco de Ben Wheatley. Por el otro, la sensible adaptación de Transperceneige por el reciente ganador de la palma de oro Bong Joon-Ho. Dos películas que, en horizontalidad y verticalidad, explotan las metáforas espaciales de las desigualdades sociales para crear distopías profundamente presentes.

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Reseña: Snowpiercer

56 – Winter’s Bone, Debra Granik (EUA, 2010) / Leave no Trace, Debra Granik (EUA, 2018)

Las dos películas de Debra Granik en esta década son una genialidad de peso propio y largo alcance. Nadie como esta directora puede hablar con tal convicción y delicadeza, con tanta ternura y crueldad, de las realidades ocultas de Estados Unidos. En forma de supervivencia o una línea detectivesca torcida, Granik explora el abandono de los militares retirados y la pobreza extrema en los estados más céntricos y olvidados. Una explicación única del mundo de Trump y un testimonio único de la vida americana en esta década. Dos cintas muy poderosas que coronan a Granik como una enorme analista de su tiempo.

56 – Ma vie comme une Courgette, Claude Barras (Suiza, 2016)

Céline Sciamma hizo, este año, un trabuco de película con Portrait d’une jeune fille en feu. Pero, mucho antes, había escrito el guión para una de las más conmovedoras y brutales películas de animación de la década. Ma Vie Comme une Courgette es una joya de stop motion reflexivo, enamorado de sus personajes y crudamente cuestionadora de morales fáciles. Una verdadera delicia.

55 – Filmworker, Tony Zierra (Reino Unido, 2017)

Un hermoso documental que muestra al hombre detrás de Stanley Kubrick. Leon Vitali dio su vida para cumplir todos los caprichos, todos las peticiones imposibles, todo el perfeccionismo salvaje de quien consideraba el mejor director de la historia. En este gesto, por enorme amor al arte, sacrificó todo y se sacrificó a sí mismo. Un cuento sin redención y profundamente significativo.

54 – Hao Jile (Have a Nice day), Liu Jian (China, 2017)

Las animaciones de Liu Jian son algo exquisito. Hermosos trazos de la vida íntima en China, relatos salvajes de lucha diaria, monólogos filosóficos sobre riqueza, pobreza y envidia. Su segundo largo, Hao Jile es una joya tierna y brutal que responde al Don’t Breathe de Álvarez en un contexto absolutamente nuevo: tira una bolsa de dinero en un precario centro urbano y mira el horror que se desencadena. Brutal.

53 – Pájaros de Verano, Cristina Gallego y Ciro Guerra (Colombia, 2018) / Huachicolero, Edgar Nito (México, 2018)

Ciro Guerra no está exento de polémica. Muchos lo acusan de exotismo y de apropiación cultural, otros alaban la precisión técnica de sus películas, otros más nos sentimos devastados por la pésima adaptación que hizo de Waiting for the Barbarians (2019). Sin embargo, es indudable que su segunda colaboración con la gran Cristina Gallego es una épica monumental sobre las venganzas estúpidas que desgarran al hombre. El tema aquí no es el narcotráfico, sino las imposibles luchas de poder en la memoria podrida del hombre. Como contrapunto, Huachicolero es una historia mucho más sencilla, con mucho menos pretensiones y, sin embargo, Nito logra también hablar de un mundo complejo que va mucho más allá del tráfico ilegal. Entre estas dos cintas pasa el machismo y los traumas y dolores indecible de vivir en guerra.

52 – Inception, Christopher Nolan (EUA, 2010) / Jesus Shows you the Way to the Highway, Miguel Llansó (España / Estonia / Etiopía, 2019)

Me siento particularmente orgulloso de este puesto empatado. Porque, en una enorme coincidencia, entre el principio y el final de una década convulsa, dos películas se responden. Primero está la locura seminal de Nolan, una película que lo llevó a graduarse, junto a su hermano, como el maestro de la explicación sencilla de diagramas narrativos imposibles. Por esto y mucho más, Inception es una de las mejores películas de ciencia ficción de la década, sin duda, y una de las más influyentes obras de cultura pop en nuestro siglo. Por otro lado, tenemos el segundo y demente largometraje de Miguel Llansó, una joya disruptiva de mundos entrelazados que junta las paranoias de Facebook con los juegos de espías de la guerra fría. Entre las dos cintas hay un diálogo abierto que pasa del control mental al control de nuestros deseos en la manipulación de data. Dos películas para abrir una década con incertidumbre… y cerrarla con pavor.

51 – Once Upon a Time … in Hollywood, Quentin Tarantino (EUA, 2019)

La última película de Quentin Tarantino cierra una década de nostalgia con una fantasía. Al igual que en Inglorious Basterds, el director americano se enfocó en los sueños masturbatorios de Hollywood y los deseos apenas velados que oculta. Estados Unidos sueña con un mundo post-racial en el que el Helter Skelter de Manson no trascendió y los viejos actores de western vivieron felices para siempre; un mundo que glorifica la violencia real por encima de la violencia en la ficción; un mundo que aplaude a los héroes dudosos que matan con solvencia. Así, con este cuento de hadas, Tarantino nos muestra lo absurdo de un sueño diluído y la fragilidad de nuestros aplausos. Una enorme película muy mal comprendida.

50 – The Tree of Life, Terrence Mallick (EUA, 2011)

Trece años después de su regreso a las pantallas, Terrence Malick se llevó la Palma de Oro en Cannes con esta obra maestra. La premisa es sencilla: para aceptar la culpa enorme que lo agobia, un hombre se imagina en el incesante flujo de todo lo que existe. Él está al centro de la historia y a través del él pasan todas las alegrías y todos los dolores del mundo, desde el Big Bang hasta la extinción. Así, en el enorme esquema de las cosas, el duelo se sofoca por lo inevitable. Y la explosión visual de Lubezki lleva esta idea increíblemente íntima a lugares insospechados de grandilocuencia cinemática. Una verdadera joya de mirada curiosa y tierna.

49 – Spiderman: Into the Spider-Verse, Peter Ramsey, Robert Persichetti Jr. y Rodney Rothman (EUA, 2018)

La mejor película de superhéroes de la década fue la que entendió profundamente el material original de las viñetas en papel. Esta joya de animación contemporánea no nada más es una maravilla del esplendor visual, sino que es la mejor película que se ha hecho sobre Spider-Man. Un retrato vibrante y comprensivo de la complejidad de un personaje múltiple y de sus más insignes villanos.

48 – Interstellar, Christopher Nolan (EUA, 2014) / Ad Astra, James Gray (EUA, 2019)

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¿Qué decir de esta doble selección? Dos películas esenciales para la ciencia ficción de esta década y dos películas diametralmente opuestas. Una encuentra la salvación de la humanidad en el único lenguaje que la hace trascender sus dimensiones: el amor filial. La otra encuentra, en ese mismo amor, el principio de un infinito abandono. Al mismo tiempo, ambas cintas hablan de nuestra soledad en el cosmos y reflejan muy bien, más allá de las viejas paranoias marcianas, que cada vez nos sentimos más abandonados. En esta década ya no hay Dios porque ya no hay esperanza en los contactos cercanos: al hombre y sólo al hombre le corresponde salvarse.

47 – Bone Tomahawk, S. Craig Zahler (EUA, 2015) / Bacurau, Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho (Brasil, 2018)

Dos de los westerns más impresionantes de la década hablan de violencia y horror desde dos perspectivas completamente distintas. Bacurau se finca en el nordeste brasileño con el recuerdo de los cangaceiros y el muy presente auge de la extrema derecha. Ésta no es una película sutil, pero sí es extremadamente poderosa en un mensaje que trasciende el odio básico y se finca en el amor. Dornelles y Mendonça lograron una obra violenta que habla del cariño comunitario mientras caricaturiza los peligros del individualismo. Hermosa y delicada locura que mezcla géneros y violenta conciencias. Además de hacer uno de los mejores usos de Não Identificado de Gal Costa.

Bone Tomahawk, por su parte, utiliza recursos de enorme violencia y mezcla géneros para caricaturizar los eternos miedos de los colonizadores frente a la antropofagia. El canibalismo, como bien demostró Ruggero Deodato en los años ochenta, es el símbolo mismo al centro de una incomprensión cultural. Dos westerns profundamente originales que, a pesar de sus distancias temáticas, hacen eco de viejas violencias que, a pesar de todas las buenas intenciones, se siguen reproduciendo.

46 – The Babadook, Jennifer Kent (Australia, 2014)

The Babadook se convirtió en un ícono de creatividad y libertad en la ficción; un símbolo de los viejos traumas familiares que corroen las cintas de horror. Con una película inventiva que juega con muchas de las reglas del género, Kent hace un comentario sobre la toxicidad de las relaciones familiares y el martirio necesario que tienen que tomar, sobre sus hombros, las mujeres para absorber traumas que no les corresponden. Después de este debut impresionante y de la siguiente película que hizo, no nos queda nada más que agregar: Jennifer Kent fue una de las más importantes creadoras de género de los últimos años y le estamos eternamente agradecidos.

45 – We Need to Talk About Kevin, Lynne Ramsay (Reino Unido / Estados Unidos, 2011)

Joya multicolor de horror uterino, We Need to Talk About Kevin es una de las obras más visuales de la genial y esencial Lynne Ramsay. Una oda a la resiliencia materna frente al odio irracional de los hijos; una reflexión sobre el encono gratuito y la ira; una mirada despiadada sobre la violencia en Estados Unidos. Película enorme con la enorme mirada de Seamus McGarvey (el mismo fotógrafo genial de Nocturnal Animals).

44 – Annihilation, Alex Garland (Reino Unido / EUA, 2017)

Con esta adaptación, Alex Garland superó, con creces, el alcance de las novelas de Jeff Van Der Meer. Ésta es una enorme obra reflexiva sobre la eterna reproducción, lo parasitario, la absoluta alteridad, la confianza, el amor y lo humano. Todo bañado en un halo de misterio lovecraftiano que no tiene precedentes ni comparación. Extraña, inteligente y genial locura de horror natural que nos hizo volver a pensar la eterna vida de Henrietta Lacks.

43 – Kill List, Ben Wheatley (Reino Unido, 2011) / Midsommar, Ari Aster (EUA, 2019)

Estas dos grandes cintas son opuestos complementarios que revivieron el folk horror en la década pasada. Por un lado tenemos el lado violento, scruffy, nasty, impulsivo de la cámara demente de Ben Wheatley que es pura diversión. Por el otro, tenemos una joya delicada de simetrías buscadas y cámara paciente que habla de individualismo y rebeldía comunitaria. Ambas son necesarias, ambas son intrigantes, ambas demuestra que se agota antes nuestra imaginación que los subgéneros que alimenta.

42 – Évolution, Lucile Hadžihalilović (Francia, España, Bélgica, 2015)

El segundo largometraje de Lucile Hadžihalilović es una maravilla de ciencia ficción que empuja los límites de lo que siempre quisieron hacer Caro y Jeunet a niveles inesperados. Una película que no explica nada, que se basa en sensaciones atmosféricas y los miedos masculinos de ser prescindibles en la concepción. Con una espectacular cinematografía de Manuel Dacosse, Évolution es una de las mejores películas de body horror atmosférico de la década.

41 – The Tale of the Princess Kaguya, Isao Takahata (Japón, 2013) / The Wind Rises, Hayao Miyazaki (Japón, 2013)

Los dos fundadores de Studio Ghibli sacaron, en un mismo año, dos películas enormes de animación. Una, dirigida por Isao Takahata, reimagina un viejo cuento tradicional japonés en una fantasía de enorme sensibilidad y hermoso trazo. La otra, dirigida por el legendario Hayao Miyazaki cuenta la imaginativa biografía novelada de Jiro Horikoshi, el ingeniero aeronáutico que creó los fighters japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Una película habla de Japón tradicional, la otra de Japón en los albores de la modernidad. Ambas, en estilos enteramente particulares, son joyas únicas que nos recuerdan por qué los dos creadores de Ghibli siguen siendo tan vigentes.

40 – Sweet Country, Warwick Thornton (Australia, 2017) / The Nightingale, Jennifer Kent (Australia, 2019)

Australia produjo, en los últimos años, algunos de los más impresionantes westerns de la década. A diferencia de Bone Tomahawk o Bacurau, dos películas que utilizan la violencia como caricatura o como forma de proponer amor político, estas dos películas son puro odio materializado. El multipremiado director de Samson and Delilah regresó a las luminarias, diez años después, con una historia brutal de racismo y venganza. Al igual que The Nightingale, Sweet Country retrata un periodo en Australia en el que la ley no existía más que para el confort de los privilegios coloniales en detrimento de las poblaciones locales. Jennifer Kent añade, obviamente, un poderoso encono hacia la precaria situación de las mujeres en esa época y relaciona los lazos de poder entre nuevos colonizados (los aborígenes australianos) y los viejos colonizados (en este caso, las poblaciones de Irlanda). Dos películas llenas de rencor y de necesidad histórica de justicia; dos películas hermosamente filmadas; dos películas devastadoras.

39 – Adieu au Langage, Jean-Luc Godard (Francia, Suiza, 2014) / Long Day’s Journey Into Night, Bi Gan (China, Francia, 2019)

Jean-Luc Godard representa una enorme tradición, un ejército de un solo hombre. Bi Gan, por su parte es un cineasta joven, lleno de esperanzas en el país que más propuestas de cine contemporáneo diferente tiene actualmente. Ambos hicieron películas en esta década y ambos utilizaron, con propósitos muy distintos, el 3D. Godard disocia las imágenes con la tecnología para que una parte del cerebro observe una imagen precisa, mientras la otra parte desplace otra imagen. El mecanismo es poderoso, sobre todo cuando se usa para explorar la relación afectiva de una pareja que se pelea. Bi Gan, por su parte, incluye un impresionante plano secuencia de 50 minutos filmado en 3D en su nueva cinta. Aquí, el mecanismo funciona para apartarnos de una realidad y llevarnos a un lugar que explora los símbolos recurrentes, el espacio confinado y la profundidad de campo. En ambos casos, el 3D se usa para un fin íntimo y no expansivo, introspectivo y no espectacular. Dos enormes películas que han cambiado, en esta década, la forma en que percibimos las nuevas tecnologías de la imagen.

38 – Nostalgia de la luz, Patricio Guzmán (Chile / Francia / Alemania, 2010)

Patricio Guzmán hizo, con Nostalgia de la luz, uno de los documentales más íntimos, bellos y sensibles de la década. Centrado en el hermoso e imponente desierto de Atacama, Guzmán reflexiona sobre el tiempo en la escala astronómica de los grandes observatorios: ¿Cuánto ha pasado desde que las estrellas mandaron esa lejana luz para que nosotros la interpretemos? Al mismo tiempo, utiliza el lejano pensamiento de las estrellas para hablar de los nómadas que cruzaron ese desierto hace tantos años y grabaron, en la piedra, su memoria. También y sobre todo, Guzmán quiere hablar del pasado reciente de Chile, de los obreros explotados en las minas de Atacama en el siglo XIX y de sus habitaciones reutilizadas, por Pinochet, para hacer el más grande campo de concentración de la dictadura. Y, así, es la luz de las estrellas que ilumina el camino hacia los desaparecidos y los olvidados. Una obra iluminadora en todos los sentidos.

37 – Personal Shopper, Olivier Assayas (Francia / Alemania / República Checa / Bélgica, 2016) / A Ghost Story, David Lowery (EUA, 2017) / Atlantique, Mati Diop (Senegal, Francia, Bélgica, 2019)

En los últimos años, las historias de fantasmas han tomado un giro interesante. Con recurrencias que van de lo más meloso a lo más traumático, diferentes autores han abrazado lo fantástico para hablar de duelo y de los corazones rotos. Estos tres ejemplos me parecen significativos de esta tendencia, además de ser tres enormes películas. Por un lado tenemos a Assayas con la mejor cinta que ha hecho en esta década protagonizada por una Kristen Stewart impresionante; por otro, tenemos a David Lowery con su joya hipster que atraviesa el tiempo y se centra en el fetichismo del hogar; y, finalmente, tenemos la ópera prima de la talentosísima Mati Diop y el eterno regreso de los que murieron aplastados por la injusticia. Tres cintas imperdibles, tres enfoques similares, tres nuevas formas de entender nuestros mecanismos de horror gótico con la ternura en que alguna vez lo hizo Oscar Wilde.

36 – Citizenfour, Laura Poitras (EUA, 2014) / The Internet’s own Boy, Brian Knappenberger (EUA, 2014)

Estos dos documentales esenciales retrataron, el mismo año, la terrible persecución a los whistleblowers en Estados Unidos. El retrato de Laura Poitras es, por un lado, verdaderamente impactante. La documentalista estuvo en el centro mismo del escándalo de la NSA y las filtraciones de Snowden como una de las periodistas invitadas a recibir la información sobre vigilancia ilegal del gobierno. El resultado de este trabajo, filmado con intimidad impactante por Kirsten Johnson, es un pedazo condensado de historia. Por otra parte, The Internet’s own Boy es un documental desgarrador sobre el mártir del internet libre y el conocimiento abierto, Aaron Swartz. Una película enternecedora y abrumadora que, en un recorrido biográfico eficiente, nos muestras la corta vida de un genio que fue empujado a la muerte demasiado pronto. Dos documentales de trágica actualidad.

35 – Berberian Sound Studio, Peter Strickland (Reino Unido, 2012)

El cine de Peter Strickland está en otro lugar. Con Berberian Sound Studio demostró, en particular, el poder de sus collages visuales y sonoros, además de ser uno de los únicos directores vivos que puede lograr tal nivel de tensión y violencia con puras imágenes atmosféricas. Aquí, en su segundo largometraje, Strickland logra una actuación magistral por parte de Toby Jones y envuelve un reflexión sobre realidad, ficción, violencia y masculinidad en el enorme soundtrack de Warp. Una de las películas de horror más efectivas y originales de la década.

34 – La Casa Lobo, Cristóbal León y Joaquín Cociña (Chile, 2018) / I Am Not a Witch, Rungano Nyoni (Reino Unido / Francia / Alemania / Zambia, 2017)

Estas dos películas no podrían ser más diferentes. La primera es un ensayo pesadillesco en stop-motion sobre la horrible historia de la Colonia Dignidad en Chile. La segunda, un hermoso retrato tragicómico sobre una pequeña niña acusada, entre supersticiones y cupidez, de ser una bruja en un reino aislado de África. Y, sin embargo, ambas películas utilizan recursos oníricos para convertir al realismo mágico en un arma de crítica, mucho más allá de su habitual autoexotismo. Al mismo tiempo, estas dos operas primas son una muestra inconfundible del enorme talento visual de nuevas generaciones de cineastas y de las emocionantes posibilidades que, en esta década, dejaron abiertas como venas comunes.

33 – It Follows, David Robert Mitchell (EUA, 2014)

Esta carta de amor a la ciudad de Detroit es otra de las grandes películas de horror que marcaron la década. El debut de David Robert Mitchell habla de pura nostalgia; del viejo miedo al SIDA y a la muerte inmediata por transmisión sexual. Una cinta que habla del dolor de las herencias y que transforma genialmente los tropos de horror gótico; una cinta que habla de un mundo de tecnología imprecisa y del abandono de las viejas plantas tecnológicas en Detroit; una cinta sensual, apasionante y, a la vez, profundamente desconcertante. It Follows es una película impresionantemente bien hecha y su único pecado fue que provocó que críticos hablen ahora del “elevated horror”. Éste no es horror elevado porque las divisiones entre alto y bajo horror son terriblemente arbitrarias. Y, sin embargo, fuera de los neologismos ociosos, ésta es una de las mejores cintas de género de este siglo. Vaya belleza adolescente y rebelde.

32 – Scott Pilgrim vs. the World, Edgar Wright /EUA / Reino Unido / Japón, 2010)

¿Qué se puede decir de Scott Pilgrim vs. the World? De entrada, la cinta de Wright es una de las mejores adaptaciones de cómics jamás hechas. Una película de pura furia romántica y necedad ñoña que derrama esplendor visual. Divertida, entrañable y duradera pieza de culto. Baby Driver nunca tuvo la más mínima posibilidad.

31 – Mandy, Panos Cosmatos (Bélgica / EUA, 2018)

Después de hacer una locura de ciencia ficción lisérgica llamada Beyond the Black Rainbow, Panos Cosmatos, hijo del director de acción trash ochentero, George P. Cosmatos, decidió continuar su amor por el horror clásico. De niño, Cosmatos podía observar las portadas de las películas de horror, pero no podía verlas; al crecer, siempre quiso hacer las películas que entonces no tenía permitido ver. Y su obra resulta de esta idea peculiar: se trata de películas que reimaginan el horror ochentero, hechas por una persona que nunca vio horror ochentero. En este contexto, Mandy es una joya estrafalaria, lisérgica y violenta de revenge exploitation que no tiene paralelos. Una idea absolutamente original que parece venir de múltiples influencias inexistentes. Finalmente, esta cinta es un hermoso grito de odio a los boomers que cayeron, con facilidad pasmosa, en sectas y cultos trascendentes. Una rareza de nuestra torcida nostalgia.

30 – Parasite, Bong Joon-Ho (Corea del Sur, 2019)

La obra maestra de Bong Joon-Ho cambió radicalmente la carrera de un director que fue vapuleado por la rareza rosa que había hecho para Netflix unos años antes, llamada Okja. Ahora Joon-Ho es dueño de una de las Palmas de Oro menos disputadas de la historia y Parasite se convirtió en un clásico instantáneo. Una película que regresa a las obsesiones de Bong sobre disparidad económica y organización social; una cinta encantadora y devastadora; una joya de dirección controlada que debe verse más de una vez y seguirse reflexionando.

29 – Blue Ruin, Jeremy Saulnier (EUA, 2013) / Green Room, Jeremy Saulnier (EUA, 2015)

Dos de las tres películas de Jeremy Saulnier en esta década están en nuestra lista. El director americano – junto a su talentoso compañero Macon Blair- redefinieron los thrillers de ultraviolencia para darles un nuevo esplendor cromático. Dos películas desesperadas, nihilistas, tremendamente bien actuadas y dirigidas que se imponen entre las demás producciones de género independiente en la década. Doble chapeau.

28 – Enemy, Denis Villeneuve (Canadá, 2013) / Alpeis, Yorgos Lanthimos (Grecia, 2011)

Esta doble función me parece, también, bastante genial. Se trata de dos películas que juegan con la idea de los doppelgangers y del reemplazo. La primera es la obra maestra de Denis Villeneuve basada en un cuento de José Saramago. La segunda es una de las más confrontativas locuras de Lanthimos en su época griega. Y ambas son películas indescifrables, inquietantes, únicas en su estilo visual y únicas en el nivel de angustia que producen. Dos cintas esenciales para entendernos en la dificultad de la pérdida y la distancia que nos separa de los demás.

27 – The Wailing, Na Hong-jin (Corea del Sur, 2016)

Esta increíble película coreana es todo menos predecible. El director Na Hong-Jin muestra aquí un cuidadoso talento para armar cintas que rompen géneros y barreras estéticas. Con una edición minuciosa que tomó más de un año para realizarse, The Wailing es un cuento de horror escalofriante sobre un mal sin nombre que ataca a un pequeño pueblo campesino. En medio de la pobreza, la desolación y el aislamiento de los bosques, un policía investiga extrañas posesiones, enfermedades cutáneas y terroríficos asesinatos. Pronto, el horror se cierne sobre el investigador que comienza a temer por su familia y su propia vida.

En cuanto escala la violencia de la cinta, los hermosos paisajes se mezclan con locaciones de un realismo crudo para darle un sentido elusivo a la trama: nunca sabemos de dónde viene el mal y hacia dónde se expande, no parece haber salida y todo gira en una espiral cada vez más profunda de horror indecible. Esta mezcla única de viejos cuentos de fantasmas con trazos de comedia, recuerdos de películas de zombies, de cintas de posesión y de sincretismos religiosos, es una de las fórmulas más originales de horror de la década en tres horas de puro gozo.

26 – Ex Machina, Alex Garland (Reino Unido, 2014)

Ex-Machina es la historia de un viejo miedo masculino. Todo aquí se genera por la perversa mente de un empresario genio de Sillicon Valley que, en su soledad, comienza a juguetear con la idea de crear una inteligencia artificial. Lleno de preconcepciones y miedos sexuales el personaje que interpreta con genialidad Oscar Isaac, nos muestra hasta dónde puede llegar el miedo masculino hacia lo desconocido femenino. Aquí la forma de vida superior que se libera en el mundo tiene la capacidad de seducir a quien sea, de utilizar su inabarcable inteligencia sexual, de mostrarse como la diosa encarnada de todos los miedos masculinos… Esta película es el debut del increíble escritor Alex Garland (28 Days Later, Sunshine) y, a un gran guión, se sumó el talento nato de un enorme director de ciencia ficción. Además, queda por ahí una de las mejores secuencias de baile de la década y, claro, el increíble concepto de usar perversamente las bases de datos de un buscador en línea para mapear el cerebro humano. Así, después de esta década, podemos seguirnos preguntando, ¿qué tan lejos está todavía Google de convertirse en Skynet?

25 – Hereditary, Ari Aster (EUA, 2018)

El primer largometraje de Ari Aster fue un parteaguas. Desde que los maestros de la producción independiente, A24, sacaron el trailer, todos sospechábamos que Hereditary sería una de las cintas de horror más importantes de la década. Y las sospechas se confirmaron: después de crear una decena de cortos aterradores, este joven cineasta plasmó todos sus traumas familiares en una cinta tan sutil e inteligente como angustiante. Hereditary está en el exacto opuesto de la gama de sustos baratos que se ha apoderado de Hollywood (comandados por James Wan) para privilegiar la construcción paciente de suspenso. El resultado es una tragedia clásica en cuatro actos que se desdobla, con un golpe de capote de autor, en una reivindicación genial del horror sobrenatural. Una ópera prima que se convirtió en clásico instantáneo.

24 – Nocturnal Animals, Tom Ford (EUA, 2016)

La elegancia nonchalante de esta adaptación de Tom Ford es impresionante. Con una novela intrigante, el talentoso diseñador de modas convertido en director, logró crear un placer visual único y despiadado. Como todo lo que ha hecho Ford, esta cinta es un regodeo de gente hermosa, blanca, privilegiada, heterosexual, que se adentra al torbellino de los traumas de clase y de masculinidades frustradas. Inteligente, carismática, hermosamente dirigida y fotografiada, Nocturnal Animals es un viaje de género por los horrores de nuestras pretensiones y el enorme poder que tiene la ficción para vengar los corazones rotos. Joya muy poco apreciada.

23 – A Touch of Sin, Jia Zhangke (China / Japón / Francia, 2013) / Ash is Purest White, Jia Zhangke (China, 2019)

A Touch of Sin es un ensayo magistral sobre la muerte y lo que puede implicar; una película de venganza y de depresión, de tristeza, amor y desesperación; un retrato despiadado de China en esta década. Ash is Purest White, por su parte, es una oda cruel a las dependencias afectivas y sus peligros; un obra maestra del género gangsteril; y un retrato impresionante de la toxicidad masculina. Como representación de la enorme obra de Zhangke, A Touch of Sin y Ash is Purest White nos muestran un talento único y un lenguaje fílmico tan sensible y abaracador, como crudo e intimista. Dos películas que se mostraron en competencia en Cannes y que consagraron a un director que juega, con una facilidad pasmosa, con géneros fílmicos y que puede mezclar su admiración juvenil por terribles villanos, con la más sincera reverencia a los géneros cinematográficos que fascinaron su crianza.

22 – La Flor, Mariano Llinás (Argentina, 2018)

Se habla mucho de la duración de La Flor (por sus espectaculares 14 horas), pero se habla muy poco de su importancia temática. Una película que reivindica el placer de contar historias de la forma en que nos ha sido legadas: a través de la serie B, del horror, de la paranoia de espionaje de la guerra fría, de los romances internacionales, de las viejas formas de reivindicaciones nacionales y exotismos baratos. En una de las seis historias que componen esta obra maestra, Llinás se sincera con la estúpida pretensión de un director que quiere hacer actuar a los abedules necios que nunca lo escuchan. Con este gesto metanarrativo, el carismático director argentino nos muestra la futilidad de su empresa y su importancia: los árboles actúan, porque filmar no es capturar una realidad, sino truquearla para crear un artefacto hermoso.

21 – Gangs of Wasseypur, Anurag Kashyap (India, 2012)

La última década ha sido una locura para el ambicioso director indio, Anurag Kashyap. En estos diez últimos años, grabó siete largos y tres antologías y fue condecorado con la Orden de las Artes y las Letras, la máxima distinción artística en Francia. Pero todo eso queda opacado frente a la monumental obra que logró levantar de la nada. Gangs of Wasseypur es un épica de más de 300 minutos sobre las mafias en el estado de Jharkhand en India del Este. En este enorme recorrido, Kashyap cuenta el nacimiento de las mafias del carbón en los años cuarenta y atraviesa más de ochenta años de violencia. El hilo narrativo impecable de esta cinta logra estructurar, con solvencia y acción trepidante, una historia que comienza con el robo de granos en un tren y que acaba en las masacres entre los herederos de Shahid Khan, los temibles Qureshi y la poderosa familia de Ramadhir Singh. Ésta es la construcción política de una ciudad y los cambios por los que pasa, desde la supervivencia en el colonialismo hasta la absoluta corrupción política después de la independencia y en la expansión económica de la India. Gangs of Wasseypur es una película atravesada por la cultura de cine y música de India, una tradición poderosa incrustada firmemente en la cultura. Con todos sus guiños metarreferenciales y la monumental ambición de su alcance, ésta es una de las mejores películas de crimen de la década y una de las mejores películas de mafia jamás hechas. No lo decimos a la ligera.

20 – The Social Network, David Fincher (EUA, 2010)

No se puede menospreciar la importancia de The Social Network en esta década. Mucho antes de que entendiéramos cómo Facebook iba a moldear al mundo, Fincher ya había retratado el perverso poder de su creador. Ésta es una de las películas más relevantes y sensibles sobre el complejo encanto de Silicon Valley y las terribles posibilidades que oculta a plena vista. ¿Cómo nace una red social que, actualmente, reúne a una séptima parte de la humanidad? ¿Qué traiciones y egos tuvieron que confrontarse para llevar una idea tan sencilla a su genial realización? ¿Cómo las buenas intenciones de genios convencidos pueden cambiar al mundo hasta someterlo? Una cinta con un montaje extraordinario y un temple excepcional que describe, como nadie más lo hizo, las obsesiones de esta década que concluye.

19 – In Fabric, Peter Strickland (Reino Unido, 2019)

Una película sobre un vestido embrujado que sólo podía salir de las dementes entrañas del genial Peter Strickland. Este impresionantemente original director tiene una manera casi táctil de hacernos sentir su horror nostálgico. Y las reflexiones que enarbola permanecen, como viejos sueños de tormento, en nuestras dolidas memorias. Ya hablamos de una película sobre el sonido y, ahora, hablamos de una película sobre el tacto. Ésta es una metáfora demente sobre la manera en que el poder de los viejos catálogos de ropa nos vendía confianza impostada. Éste es un cuento de hadas desquiciado sobre los poderes de seducción del capitalismo y los entramados perversos de sus efímeras realizaciones. Un maravilloso collage de delirios eróticos que resuenan profundamente con miedos muy actuales.

18 – The Irishman, Martin Scorsese (EUA, 2019)

Si Mean Streets era un retrato criminal de la impulsividad joven y Goodfellas y Casino del crimen como decisión de vida adulta, The Irishman es una cinta sobre las consecuencias del crimen en la vejez. De hecho, es una película que sólo podía hacerse desde una perspectiva madura; ahí en donde todas las decisiones de tu vida llevan a ese momento que parece el preludio del fin; ahí en donde todo lo que has hecho parece sumar para el momento presente. La reconstrucción obsesiva de todos los detalles de una vida son el centro de la remembranza de Frank Sheeran; un hombre que, ante las puertas de la muerte, quiere entender por qué quedó tan solo, condenado a este silencio. Pero la tragedia nunca explica las razones de la fatalidad: Quello che succede, succede, dice el personaje de Joe Pesci.

La última película de Martin Scorsese es una genialidad paciente de alguien que se despide. Desde toda la experiencia, el último gran director americano regresó a un terreno familiar, con los actores que lo acompañaron en tan larga ruta, para hablarnos de la constitución política de su país, de la corrupción que permeó en su historia y de la naturaleza de las ficciones que nos contamos para hacer llevadera esta vida. Una lección violenta e invaluable que cierra una enorme carrera cinematográfica y tiene la última palabra de un hombre que, con su cine, dio una lectura apasionada del siglo XX.

17 – First Reformed, Paul Schrader (EUA, 2018)

Es solamente apropiado poner la última obra de Paul Schrader junto a la de su cercano e inmenso colaborador, Martin Scorsese. Apropiado, también, porque ambos siguieron haciendo, en esta década que concluye, lecturas desgarradoras de vejez, duelo y desesperación en Estados Unidos. Con First Reformed, Schrader no nada más establece su enorme capacidad para escribir guiones, sino que logra uno de los mejores trabajos de dirección de su imponente carrera. Guiado por un enorme Ethan Hawke, ésta película habla del dolor de un país desgarrado por sus guerras, su fe tambaleante y sus contradicciones paranoicas. Una película inmensamente bella y devastadora y una de las más agudas reflexiones sobre la historia reciente de Estados Unidos.

16 – The Witch, Robert Eggers (EUA / Canadá, 2015) / The Lighthouse, Robert Eggers (EUA, 2018)

Robert Eggers se dedica a tejer pesadillas. Sus películas son una revisión genial de los miedos de otras épocas; miedos que se transmiten con dificultad a nuestros días, pero que inquietan profundamente con sus históricos poderes de contagio. Una pesadilla del siglo XVII que se cocina en la mente torcida de los nuevos colonos puritanos de Nueva Inglaterra, por un lado; y una pesadilla que se gesta en la mente de marineros impregnados de Melville y Orne Jewett. Dos películas que muestran, entonces, como ningún historiador ha hecho, la forma viva de soñar miedos en una época dada. Así, Egger ha construido, a través del horror, una forma de reflexionar sobre el pasado y la trascendencia de sus símbolos en una sociedad. Dos joyas invaluables.

15 – Melancholia, Lars Von Trier (Dinamarca / Suecia / Francia / Alemania / Italia, 2011)

A pesar de que Lars Von Trier es un personaje espantoso y que, en esta década ha hecho bodrios del tamaño de Nymphomaniac (2013)y The House That Jack Built (2018), Melancholia es una de las más interesantes reflexiones apocalípticas de nuestra década. Como parte de la trilogía de la depresión, esta cinta retrata la importancia que le damos a nuestros pequeños gestos fútiles y qué tanto necesitamos pensar en la trascendencia para no darnos por vencidos. Al mismo tiempo, demuestra que los que están más equipados para enfrentarse con la falta de trascendencia son los que ha perdido la voluntad de vivir. La depresión aquí es un arma poderosa que permite entender la forma en que nacen los deseos humanos mezclados con la banalidad de nuestros anhelos. Una cinta hermosamente filmada que, después de Antichrist (2009), completa una reflexión punzante y actual sobre la salud mental en las sociedades occidentales.

14 – Heaven Knows What, Benny y Josh Safdie (EUA, 2014) / Good Time, Benny y Josh Safdie (EUA, 2017) / Uncut Gems, Benny y Josh Safdie (EUA, 2019)

La trilogía de Nueva York de los hermanos Safdie es una joya de bajos fondos, crimen, drogas, ambiciones perdidas y violencia irracional. Tres películas de enorme aliento y montaje frenético que ponen a estos directores neoyorkinos como las más interesantes promesas del cine independiente americano. Con una maestría implacable, los Safdie han sabido retratar los mundos más sórdidos de su ciudad. Y, como nadie, han logrado encontrar ternura, amor y redención en los personajes desesperados que han creado de la mano de talentos tan dispares como el de Arielle Holmes, Robert Pattinson y Adam Sandler. Tres enormes películas del nuevo cine de crimen estadounidense en el relevo de las viejas glorias de Scorsese.

13 – Arrival, Denis Villeneuve (EUA, 2016)

Arrival es una adaptación genial de un cuento imposible de adaptar. Story of your Life es, tal vez, uno de los mayores hitos de la literatura de ciencia ficción contemporánea; una verdadera joya que juega con el lenguaje para trasladarnos en el tiempo y que termina, sorpresivamente, con una de las más hermosas reflexiones sobre la duración de la vida humana y la importancia de vivirla. Con esta adaptación, Villeneuve logró plasmar estos retruécanos imposible con sutileza y elegancia. Una película hermosamente filmada y actuada con un enorme temple por la enorme Amy Adams; una película que no puede dejar indiferente al espectador; una película que, cuando cierra el bucle de una canción de Max Richter, puede humedecer los ojos del más frío de los mortales. La mejor película sobre invasiones alienígenas que se ha hecho en muchísimo tiempo.

12 – The Act of Killing, Joshua Oppenheimer (Noruega / Dinamarca / EUA, 2012) / The Look of Silence, Joshua Oppenheimer (Dinamarca / Finlandia / Francia / Alemania / Indonesia / Israel / Holanda / Noruega / Reino Unido / EUA, 2014) / Cameraperson, Kirsten Johnson (EUA, 2016)

Podríamos hablar también del enorme último documental de Chantal Akerman o de los grandes trabajos de Michael Heinemann, Fred Wiesmann y Errol Morris. Sin embargo, escogimos estos tres documentales como los mejores de la década por la importancia que tienen en el formato autorreferente. Por un lado, la obra en dos partes de Joshua Oppenheimer es el ejemplo más intrigante de las nuevas posibilidades de la ficción en el formato documental. Rebasando, por mucho, a los viejos talking heads, el documentalista danés logró hacer el más improbable e impresionante retrato de genocidas que jamás se haya hecho en cine. La contraparte de su segunda cinta, es la palabra imposible de las víctimas del genocidio en Indonesia. Y, entre ambas películas, se crean lazos complejos y violentos que cuestionan cualquier percepción fácil sobre hechos tan terriblemente traumáticos. Por su parte, Cameraperson es un hermoso collage que recupera el trabajo incansable de una cinefotógrafa de documentales que ha filmado, en todo el mundo, con los más grandes realizadores americanos. En estos viajes imposibles, Johnson registró momentos de enorme belleza que nos muestran las fibras que se tejen en un documental, aquello que la edición consecuente borra, las costuras que nunca vemos. Tres obras imprescindible para considerar cómo hemos cambiado nuestra percepción de la realidad documental y cómo los mismos mecanismos de testimonio y autoridad ya no pueden cumplir sus eternas funciones.

11 – Uncle Boonmee who can Recall his Past Lives, Apichatpong Weerasethakul (Tailandia, 2010)

Este hermoso drama sobrenatural basado en los escritos del monje Phra Sripariyattiweti sobre un hombre que, a través del poder de la meditación, podía recordar vidas pasadas es la más hermosa historia de fantasmas de la pasada década. Con seis estilos cinematográficos diferentes, Apichatpong Weerasethakul extiende su exploración de la región de Isan en el norte de Tailandia a temas universales sobre muerte y trascendencia, fantasmas y permanencia, violencia y el irremediable fin del cine grabado en película. Uncle Boonmee who can Recall his Past Lives ganó una merecidísima Palma de Oro hace diez años y, hasta el día de hoy, sigue siendo un hito cinematográfico entrañable.

10 – The Master, Paul Thomas Anderson (EUA, 2012)

Paul Thomas Anderson es un maestro contemporáneo que entiende, con una sensibilidad poco común, el espíritu de personajes detestables. The Master es una recreación ficcionalizada de la vida de L. Ron Hubbard, el perverso inventor de la Dianética (conocida popularmente como Cienciología). ¿Cómo se creó un culto tan poderoso a través de una narración de ciencia ficción? ¿Y cómo logró crecer hasta ser el imperio que hoy conocemos? Estas preguntas se confrontan aquí a los seguidores de un maestro espectacularmente bien actuado por Seymour Phillip Hoffman. Y, en el reflejo de estos seguidores, desde el irascible personaje de Joaquin Phoenix hasta el amoroso y firme papel de Amy Adams, pasando por la compleja y frágil representación de Laura Dern, encontramos el origen de un mal que no ha parado de crecer en esta década. Seudociencia y necesidad de creer, viejos traumas y las promesas eternas de la salvación fácil; supongo que esa es una excelente carcaterización de nuestros agitados tiempos.

09 – High Life, Claire Denis (Francia / Alemania / Reino Unido / Polonia / EUA, 2019)

Esta obra maestra de ciencia ficción es un tratado elegante, sutil y sensual sobre la trascendencia humana y la necesidad de saber hacia dónde nos dirigimos. La primera película en inglés de Claire Denis y, también, su primera película de ciencia ficción (porque el género lo había tratado con su maravillosa cinta de vampiros, Trouble Every Day), cuenta la historia de un grupo de prisioneros que recorre la galaxia para perderse en los confines de un agujero negro. El resultado es un viaje claustrofóbico y solitario por viejos miedos humanos de extinción y abandono ante un universo frío y hostil.

El espectador desprevenido puede momentáneamente sentir un extraño vértigo en High Life: estos reos están en el espacio, pero todo parece regirse por la misma gravedad que la tierra. Incluso los cuerpos lanzados con ternura al espacio parecen caer al vacío antes de flotar. En la Tierra, como en este ortoedro perdido en el espacio, los humanos sufren las mismas aflicciones, están afectados por el mismo peso, las mismas circunstancias, la misma gravedad. Lo que parece decir aquí Denis es que, aunque nos deshagamos de los seres humanos desechados, los seres humanos basura por los que tanto luchó Bernard-Marie Koltés (el amigo íntimo que le presentó a Isaach De Bankolé en los ochenta), la humanidad seguirá siendo la misma. Somos capaces, en todas partes, de la misma violencia, de la misma brutalidad, de la misma facilidad para entregarse a los impulsos más básicos. Somos capaces, en todas partes, de actos inusitados de amor, de compasión y de bondad desinteresada; capaces de dar la vida para buscar el imposible conocimiento, capaces de gestos poéticos y búsquedas de antemano perdidas. Claire Denis hace una película oscura de ciencia ficción táctil, hermosamente filmada, para decirnos con un camino retorcido que, al final, los más hermosos actos humanos son actos desesperados.

08 – Mad Max: Fury Road, George Miller (Australia, 2015)

Ésta fue la década de la nostalgia, vimos remakes, reboots, secuelas inesperadas y grandes trucos de vieja mercadotecnia. Y, sin embargo, creo que ninguna de las películas nostálgicas que pudimos apreciar en estos años dio el ancho de la gloriosa película de George Miller. Ni todas las reconstrucciones de Star Wars y de viejas franquicias ochenteras llegaron a los talones de esta suntuosa y ruidosa epopeya. La historia de una ida y un regreso, el confinamiento eterno al páramo desértico, la actuación bestial de un Tom Hardy que, poco a poco, se va convirtiendo en ser humano, los coloridos villanos y un sensible sentido estético hacen que esta invaluable película quede coronada como uno de los más geniales reboots jamás hechos. Miller logró hacernos sentir la emoción por el alto octanaje a sus setenta años, sin nada de CGI y construyendo con sus propias manos los coches que se dedicó sistemáticamente a destrozar. Ésta es ciencia ficción cruel para tiempos despiadados y el hermoso colorido de la violencia de Miller nos recuerda, a cada momento, que la cordura de este mundo pende de un hilo. Un golpe de genialidad de un maestro por mucho tiempo olvidado.

07 – The Turin Horse, Béla Tarr (Hungría, 2011)

La última cinta de Béla Tarr es una joya minimalista. Aquí está contenida toda la humanidad en la humilde morada de un carretonero. Las papas que se pelan, hirviendo y con un poco de sal, son toda la comida de la especie humana. El agua que se saca del pozo y el caballo que reposa en el establo son todo el sustento que ha tenido el hombre en la relación eterna con la naturaleza. La vida familiar, repetitiva, ordenada y estática es todo lo que nuestras sociedades han construido en común. Y el sentido de toda esta metáfora sobre la humanidad apagándose, lentamente perdiéndose en la nada tibia de la existencia es uno de los retratos más profundos, sinceros y despiadados de esta existencia frágil. Nietzsche solamente dijo, después de parar al carretonero que golpeaba al caballo de Turín, “Mutter ich bin dumm” (Madre, he sido un tonto). A partir de ahí, su salud mental se deterioró y, cuenta la leyenda, que nunca más volvió a hablar. Con esta película, Béla Tarr le da nuevo sentido a su filosofía con martillo y a su locura sifilítica final. El resultado es tan desolador como el del hombre que luchó contra Dios para perderse en las nubes de la locura. Una película tierna y única sobre el apocalipsis que sentimos cerca.

06 – Hard to be a God, Aleksei German (Rusia / República Checa, 2013)

La película que le llevó casi 15 años filmar a Aleksei German merece un lugar excepcional en cualquier conteo que tome en cuenta la mejor ciencia ficción de la década. Éste es un viaje alucinante que somete al espectador con la fuerza de la incomprensible alteridad. Si no conoces previamente el argumento de la novela de los hermanos Strugatsky va a ser difícil situarte en este extrañísimo mundo medieval que, a pesar de estar ubicado en otro planeta, es, tal vez, la mejor representación de lo grotesco de la edad oscura en nuestra tierra. Todo tipo de fluidos corporales, heces, vómito, mocos y lodo, regresan como mantra a la pantalla hasta marearte en tomas largas que perforan la ficción visual con insinuaciones de olor putrefacto. Ninguna película que he visto me ha hecho sentir tan incómodo, tan ajeno, tan lejano de lo que se está representando. Y eso, sin duda, es un logro para mostrarnos la dificultad de imaginar la vida en otro planeta o, siquiera, en otro tiempo. Ésta es, finalmente, una obra monumental que se quedará largo tiempo en nuestra memoria… para bien o para mal.

05 – Zama, Lucrecia Martel (Argentina / Brasil, 2018)

Hace más de diez años, Lucrecia Martel estrenó en Cannes un brutal comentario social con La Mujer sin Cabeza. Desde entonces, la gran directora argentina se mantuvo en silencio, llevando una vida discreta, hasta que encontró la obra maestra de Antonio Di Benedetto, Zama. Después de un complicadísimo rodaje en el que tuvo que pasar días en el lodo, con el agua a la cintura y malabareando instrucciones en seis o siete idiomas distintos, la diagnosticaron con cáncer uterino. A pesar de esas dificultades, el cáncer de Martel está en remisión y la cinta que creó es un verdadero poema visual sobre la soledad, la distancia y la necesidad humana de crear villanos fantásticos. Una cinta inteligente, creativa y filmada con una incomparable maestría que demuestra todo el talento maduro de una de las cineastas más importantes del mundo. Zama es una imperdible clase de cine y uno de las más empáticos y devastadores westerns de conquista.

04 – The Lobster, Yorgos Lanthimos (Irlanda / Reino Unido / Grecia / Francia / Holanda, 2015)

Con su primera película en inglés, Lanthimos nos entregó una espectacular reflexión sobre la imposición de las necesidades afectivas en una sociedad forjada bajo un profundo individualismo. El resultado es tan desconcertante porque nos interpela constantemente, nos cuestiona sin tregua y nos golpea sin piedad. Si primero pensamos, con la distancia fácil de la sala oscura, en lo patético de los personajes, en sus pataletas estúpidas, en su crueldad innecesaria, pronto vemos la mismas actitudes en nuestro mundo, las mismas bajezas, la misma ternura, la misma desesperación frente a la soledad. Y cuando llega el final desolador de la cinta no podemos más que preguntarnos qué animal hubiéramos escogido en este mundo que arremeda el nuestro.

03 – You Were Never Really Here, Lynne Ramsay (Reino Unido / Estados Unidos / Francia, 2018)

Desde que presentó su primer corto, el maravilloso Small Deaths en Cannes, hace más de veinte años, Ramsay no ha hecho una sola mala película. Parece que le es físicamente imposible crear una obra banal, tener un tropiezo o traicionar su compleja visión artística. Con la adaptación de la novela de Jonathan Ames, Ramsay ganó un premio al mejor guión en el Festival de Cannes y Joaquin Phoenix se llevó el de mejor actor. Y estos premios se quedan cortos frente a la enormidad de You Were Never Really Here.

Esta cinta es un poema sobre la depresión, el estrés postraumático y el suicidio; una obra de poderosísimo impacto emocional que saca toda la oscuridad de un personaje entrañable, distante y brutal. Como sus anteriores cintas, la exploración de Ramsay está acompañada de un score perfecto a cargo del guitarrista de Radiohead, Jonny Greenwood. Como sus cintas anteriores, también, You Were Never Really Here no se parece a nada, es un hito de lenguaje cinematográfico propio, propositivo e increíblemente eficaz. Así, este Taxi Driver sin política, esta denuncia íntima, es una pieza esencial de cine que nos recuerda, con hermosura, el eterno martirio humano de la violencia que crea violencia.

02 – Under the Skin, Jonathan Glazer (Reino Unido / EUA / Suiza, 2013)

Actuada sutilmente por Scarlett Johansson, esta película narra la historia de dos alienígenas en sus experimentos de interacción con nuestro planeta. Y todo pasa por los mecanismos de seducción: el personaje de Johansson atrae con su belleza y carisma sencillo a hombres para, internándolos en un departamento de reluciente oscuridad, consumirlos. Todo empieza a salirse del cauce tranquilo de seducción y alimentación cuando el devenir humano intriga a la despiadada alienígena. Sin embargo, la rebeldía estética de este ser de otro mundo se desmorona ante un principio sencillo: los hombres pueden apreciar la belleza, como ella aprecia de pronto los placeres sencillos de este mundo, pero no podrán jamás aceptar la otredad absoluta. Hay algo en el trato frío visual, acompañado de un score sensual mínimo, que nos deja entrever a la humanidad desde un punto de vista ajeno, lejano. Y en este reflejo nos descubrimos, en toda extrañeza, desde las pulsiones más evidentes y bestiales, hasta nuestras muy complejas e infinitas capacidades de odio y amor.

01 – Holy Motors, Léos Carax (Francia / Alemania, 2012)

Holy Motors es una película fascinante. Nadie ha descrito con tanto vigor la nostalgia de esta década por los viejos mecanismos de ficción. Tampoco nadie ha sido tan crítico sobre las nuevas formas que ha tomado el cine, la digitalización del mundo y la enorme pantomima que todos jugamos en este mundo sobremediatizado. La primera película de Léos Carax en trece años es una enorme mofa de ciencia ficción que cuestiona la fábrica misma de nuestra realidad. Al mismo tiempo, con la enorme sorna de un director visionario y con la enorme actuación de su frecuente compañero y colaborador Denis Lavant, Carax hace una apología de la ficción como un acto inútil, fútil, banal, si se quiere, pero absolutamente necesario. Con la intrigante presencia de Édith Scob en uno de sus últimos papeles, esta película es también un enorme homenaje al cine de género. Cerebral y pretenciosa como le gusta al cine francés, esta enorme cinta es también una de las más inteligentes propuestas sobre nuestros ñoños gustos. Por eso, no hay duda, Holy Motors es el comentario metaficcional más angustiante para nuestra época y para nuestros placeres. Un disfrute único, pues, que no nos permite abandonar la capacidad de reflexionar cuando nos abandonamos al placer poético de la ficción espontánea.