La historia de cómo un xochimilca escribió el primer libro de herbolaria en América.

¿Qué ganamos y qué perdimos con la llegada de los españoles a México? Es una pregunta que nos llevaría más de unas líneas contestar. De hecho, llevamos preguntándonos eso desde 1521 eso, y como nación nos hemos respondido muy poquito. Es un tema muy escabroso, por llamarlo de alguna forma.

Pero dejándonos de generalismos, si nos preguntamos qué ganamos y perdimos en el choque de culturas rama por rama, descubriremos respuestas más concretas. Por ejemplo, la Ciencia. La ciencia mexicana ha quedado bien documentada del periodo colonial a la fecha, pero desgraciadamente existe un escaso registro del conocimiento científico de los prehispánicos. Quedó enterrado en pilas de ceniza que dejaron la guerra y la asimilación religiosa.

¿Existía la ciencia en el México prehispánico?

herbolaria-prehispanica

La existencia de la ciencia prehispánica es otro tema escabroso, sobre todo por la concepción que ahora tenemos de lo que es y no es científico. Habrá quien la considere misticismo, creencia religiosa o usos y costumbres de los pueblos, pero la ciencia existió y fue grande. Hay pruebas de ello a lo largo y ancho de nuestro país. En forma de construcciones, de piedra y orales. Botánica, zoología, geografía, medicina, metalurgia, astronomía, matemática, química, física y otras formaban parte de la educación de los calmecac y otros centros educativos que había en las naciones originarias.

Por eso hubo un significativo interés de los nobles aztecas, por ejemplo, para integrarse a las escuelas de los religiosos españoles. Como bien apunta Elías Trabulse en El Círculo Roto (1982), desde los primeros decenios de la conquista existieron en la Ciudad de México, Puebla, Guanajuato Querétaro, Guadalajara, Morelia, Oaxaca y Mérida grupos (reducidos pero vivos en ideas, activos y dinámicos) de científicos que a lo largo de su vida se dedicaron a la divulgación del saber y las técnicas; fundaron escuelas y crearon publicaciones periódicas para difundir sus trabajos y generar discusión.

Estos científicos no lo tuvieron fácil (porque ¿ya saben?, Inquisición) pero fueron los protagonistas del cambio en el tipo de creencias científicas. Ellos fueron los guías en un proceso de asimilación de nuevas teorías que fueron enriquecidas con aportes originales y experiencias de los resabios de la cultura precolombina que se negaba a morir (y afortunadamente sigue sin dejarse).

Prueba de ello son las etapas por las que paso la taxonomía, botanica y zoología mexicana desde el momento de las clasificaciones indígenas (como siempre lo habían hecho) hasta las auspiciadas por la Corona Española. Un ejemplo de estos trabajos es el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, mejor conocido como Códice de la Cruz-Badiano o Códice Badiano, el primer libro escrito por indígenas en el llamado Nuevo Mundo, en el que se catalogan 185 plantas medicinales de América, así como sus usos terapéuticos.

Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis

El herbario fue escrito por el medico xochimilca Martin de la Crúz, alumno del Real Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, en 1552. No se trata de un tratado profesional como los que pretendía la medicina europea, sino más bien una recolección de experiencias que habían llegado a De la Cruz por medio de la tradición oral ya que el autor no tuvo estudios teóricos formales, debido a que no hablaba latín. Sus conocimientos provinieron de la tradición indígena.

Las recetas fueron escritas en náhuatl por lo que Martin de la Cruz recurrió al joven Juan Badiano, quien también era de Xochimilco y había estudiado en el mismo colegio tlatelolca, sabía castellano y latín, para su traducción al idioma de los científicos. Suponemos que también recibió ayuda de algún tlacuilo que le ayudara con las ilustraciones.

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Ilustración de la plantas que aparecen en el códice.

Como se analiza en el artículo La materia médica en el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, publicado en 2003 por el Departamento de Historia y Filosofía de la Facultad de Medicina de la UNAM, el libro se compone de 13 capítulos en el cual se mencionan grupos de enfermedades con sus respectivos tratamientos, en un orden de cabeza a pies.

“En el primero de los capítulos se trata acerca de las enfermedades de la cabeza en su conjunto, después se trata de aquellas que afectan a los ojos, los oídos y la boca para continuar con los males que aquejan la región torácica y la del abdomen, entre éstos se tratan las de las extremidades; se sigue con los trastornos ubicados en la región inguinal para finalmente hablar de los trastornos de las mujeres, de los niños y de las señales que acompañan a la muerte próxima”

Todos los capítulos tienen la misma estructura. En el encabezado presenta las enfermedades que serán tratadas mediante su nombre en latín y a continuación se dan los remedios para cada una de ellas. Aunque en el libro no se hace referencia en ningún momento al origen o a las teorías que expliquen las enfermedades, simplemente se consignan los remedios, el Libellus es una fuente histórica esencial para comprender la medicina prehispánica.

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Ilustración de la plantas que aparecen en el códice.

Para entender mejor esto, aquí reproducimos uno de los pasajes de códice, en cual se trata un padecimiento de nuestros tiempos y que fue recogido por Carlos Viesca y Andrés Aranda en su artículo Las Alteraciones del Sueño en el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis:

“Pérdida o interrupción del sueño: La hierba tlazolpahtli que nace junto al hoyo de las hormigas y cochizxíhuitl con hiel de golondrina triturada y untada en la frente, atraen y concilian el sueño interrumpido. Además, el cuerpo debe untarse con líquido exprimido de follajes de hierbecilla huihuitzyocochizxznuitl trituradas “.

El Códice de la Cruz-Badiano originalmente fue elaborado por encargo de Francisco de Mendoza hijo del virrey de Mendoza, con el fin de regalárselo al emperador Carlos V y así pudiera ver una muestra de la riqueza natural de las “Indias”, que eran parte de su imperio y donde jamás puso un pie. “En mi imperio nunca se pone el sol”, solía decir.

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Ilustración de la plantas que aparecen en el códice.

El hijo del virrey Francisco de Mendoza trasladó a Europa el manuscrito y lo entregó al sucesor del emperador, Felipe I quien no supo ver su importancia. Así, el documento fue relegado en la Biblioteca Real, donde permaneció íntegro. El documento sale de la Biblioteca Real en el siglo XVII y pasa a la colección de Diego de Cortavila, farmacéutico del rey Felipe IV de España, de allí se va a Italia con el farmacéutico Cassiano dal Pozzo (quien elabora la copia que terminó en los archivos de la Biblioteca Winsdor, Inglaterra). Ya en Italia llegó al acervo del cardenal Francisco Barberini, sobrino del Papa Urbano VII. En 1625 el acervo se convertirá en parte de los archivos de la Biblioteca del Vaticano en Roma.

En 1929 el historiador norteamericano Charles Upson Clark descubre el códice en Roma, y diez años después William Gates lo publicó en inglés (The de la Cruz Badiano aztec herbal of 1552). Demetrio S. García lo tradujo al español con el título Libro de yerbas medicinales de los indios y a partir de allí fue reconocida su existencia. Fue hasta 1991, tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano, que el Papa Juan Pablo II lo devolvió a nuestro país. Ahora está bajo resguardo de la Biblioteca Nacional de Antropología.

A pesar de que el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis fue visto en Europa más como una excentricidad del Nuevo Mundo que como un documento científico, la importancia del códice es innegable para entender la forma idiosincrática en que funcionaba la medicina prehispánica.

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