El imperativo planetario: Evangelion y el cambio climático

El maestro en Filosofía Roberto Poblete escribe un ensayo relacionando la trama de Neon Genesis Evangelion con los problemas climáticos de la Tierra.

Con los dedos de las manos entrelazados frente a la boca, el siniestro Gendo Ikari dice con respecto al propósito del ser humano, que “La humanidad debe avanzar a un nuevo mundo”. Esto ocurre al inicio de The End of Evangelion (1997), la cinta que es la continuación y final de la epopeya japonesa, Neon Genesis Evangelion (1995). Gendo es el padre del protagonista de esta historia: Shinji Ikari, piloto de las armas militares más poderosas con las que cuenta la humanidad. La figura de este niño se ve transformada a lo largo de la trama. Sin ánimo de ser reduccionista, Evangelion es la tragedia de un adolescente que se resiste a ser el redentor del mundo; sin embargo, una particularidad —una formidable— es que a partir de la simbología judeocristiana, Evangelion coloca una a una las lentes que enfocan al ser humano para fotografiarlo en su constitución ontológica, desde diferentes ángulos, donde la de Shinji es la selfie. La pregunta “qué es el ser humano” se coloca frente al espectador, perentoriamente, como el ángel al profeta o el cazador a su presa.

(Studio Khara)

Antes del Segundo Impacto, es decir un evento mayor del planeta de esa serie de dibujos animados, existían las estaciones del año; Japón está sumergido en un verano perpetuo cuya orquestación es la de las cigarras, que por antonomasia se presentan en tiempos de calor. El Segundo Impacto derritió el Polo Sur y erradicó toda vida —incluso la bacteriana— de una parte mayúscula de esa tierra de anime, lo que para el habitante del 2019 no suena como a evento ya acaecido sino como el proceso que debe detenerse a toda costa. Esto es anime y ciencia ficción al estilo mecha, pero el que estos eventos ficticios sean familiares no habla del Segundo Impacto sino de la manifestación de síntomas del clima de la Tierra. Una vez más la ficción hace gala de su clarividencia y se adelanta a su presente algunas décadas porque esa anulación y mutación de las estaciones del año —y el deshielo polar— son una constante (y un problema) en los tiempos que nos ha tocado vivir. Parece difícil conectar la definición de lo humano con el cambio climático, pero tal relación es estrecha: la forma con la que se concibe el hombre repercute en sus acciones y en cómo habita el planeta. Se habla de que se vive la era geológica del antropoceno porque el evento rector es ese, el antropo.

Nuestra basura ya llegó hasta el espacio

Según el libro del Génesis (1,28), Dios le da el mundo al ser humano como propiedad, como espacio de reproducción y dominio; es por “derecho divino” su lugar. Tal concepto, el de este papel humano en el planeta, está por conocer su consunción, en primera instancia por razones fácticas, es decir ecológicas. No es que quiera afirmar que la concepción dominante sea la de este libro bíblico, pero colocando esta lente en la relación de la humanidad con su planeta, se proyecta alguna luz sobre este problema, sobre aquello llamado desastre climático. La concepción de “lo humano” determina en alguna medida su actuar en el mundo y de ahí, su importancia. El Génesis define al humano como una especie de terrateniente celestial; tal idea, que hemos ido incorporado durante siglos, en parte puede dar razón del ecocidio generalizado de la actualidad. Por derecho consume, contamina, explota, dilapida…

No pretendo hacer una demostración o una revisión exhaustiva de las causas del calentamiento global, sino señalar que el rol de la humanidad, en tanto inteligencia viva, es la piedra angular de su propia salvación o aniquilación. Del sapiens —si es que puede llamársele así— depende no solo el animalia, sino un gran número de formas vivientes terrícolas. Las prácticas de la industria, entre otros ámbitos, han generado efectos adversos para el equilibrio planetario. El hombre ha puesto sobre sus hombros el peso del Globo en agonía, y en esa carga va inclusa la idea de sí mismo.

El cambio climático ya está afectando varias partes del mundo (RasmusTonboe)

Promesa de destrucción

Con respecto al reciente llamado del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, para que líderes nacionales acudan este septiembre del 2019 a Nueva York con propósito de una planeación aún más estricta de las medidas contra el calentamiento global, el sitio de ONU afirma lo siguiente.

1) Los últimos cuatro años han sido los más calientes de la historia. Este, sin duda, es un trago difícil de pasar, porque señala clara y meridianamente que los días que nos toca vivir se destacan del resto de la historia por su temperatura (cuya causa está relacionada con las actividades industriales). Esta información es evidencia del desastre, que se presenta como bofetada en la faz terrestre.

(Studio Khara)

2) Desde hace 29 años, en 1990, las temperaturas árticas han aumentado 3° centígrados, por lo que el nivel del mar está subiendo y podría subir aún más. Esto es serio. Sin embargo, este aumento no es “más mar” y ya, el deshielo del permafrost ártico implicaría una liberación aún mayor de CO2 porque este hielo lo contiene; la cantidad sería tal que, incluso con acciones audaces para reducir las emisiones humanas, el carbono contenido en esta formación natural, podría provocar que los objetivos del Acuerdo de París no se cumplan. El que los hielos polares desaparezcan impactaría directamente en los ecosistemas que ahí tienen lugar, pero —como la Tierra es un solo sistema— influiría en la supervivencia de otros seres vivos, producción de alimentos, acidificación del mar, etc.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (cuyas siglas en inglés son IPCC) publicó un informe en el que se proyectan los efectos ecológicos del aumento de la temperatura en un rango de 1.5 y 2 Cº. Los cultivos de maíz, arroz, avena y potencialmente otros cereales se verán afectados, especialmente los de la África subsahariana, sudeste asiático, Centro y Sudamérica. Se estima que haya reducción en la producción de cereales en el Sahel, Sudáfrica, Mediterráneo, Europa central y el Amazonas. Tal calentamiento también fomentaría la propagación de enfermedades y reduciría el abasto de agua.

Las consecuencias venideras no se manifestarán solo de una forma. La amenaza es para los animales, otras formas vivientes e, inclusive, la población humana. Si los efectos del desastre climático siguen agudizándose, terminará en una reacción en cadena más y más profunda cuya acción será en múltiples niveles y aún más fuerte que ahora. Obviamente la respuesta serán acciones concretas, contundentes, decididas, informadas por científicos, apoyadas por políticos y la sociedad. Es momento de actuar o de abandonarse con placidez al suicidio.

(NASA)

Si no cambiamos nuestras dinámicas de consumo (por decir un ejemplo, de entre un montón), nos quedaremos sin hielo polar ni arrecifes pero también sin agua potable y sin alimentos. Guarden este tweet: “No solo de Wifi vive el hombre“. El consumismo se ha erigido como una de las fuentes de energía del sistema económico de Occidente; sin embargo, lejos de traer prosperidad, este modo de producción provoca un enorme estrés ecológico y por tanto contribuye al calentamiento global. Llegados a un punto, muy pocos estarían atentos a la nueva edición de un smartphone sino que estarían concentrados en tener agua limpia y alimentos frescos.

Visto desde el punto de vista del contacto entre estos dos sistemas, el ecológico y el económico, ambos muestran una gran complejidad. La batalla parece estarla perdiendo la ecología terrestre en favor del sistema económico; este último mostrará resistencias a cambiar y es más factible que primero muera el planeta antes perezca que la economía alimentada por el consumismo. No obstante, y a pesar de las restricciones o inercias del ecosistema del mercado, la necesidad aplaza a la acción. En este sentido, salvar el planeta —y salvarnos de paso— podría ser revolucionario.

La comprensión profunda del estado actual de cosas no es materia de acción sino de reflexión: el pensamiento y el actuar deben juntos encontrar una unidad integral. La concepción que tengamos de lo humano está anidada en un territorio fáctico llamado Tierra, y las relaciones entre ambos son, por decir lo menos, insoslayables.

(AFP)

El imperativo humano es volver a pensar su constitución ontológica frente a su realidad terrestre

Con respecto a las tareas del pensamiento, el ser humano está emplazado a volver a redefinir su estatus en el planeta: se ha comportado como amo tiránico en los últimos siglos, pero su propio habitáculo —el que tal vez consideraba como mera pasividad— está imponiéndole las nuevas condiciones. (Parece que este es un prístino ejemplo de ironía). Por orden de la necesidad, está cayendo en cuenta que de continuar con este comportamiento, provocará su extinción cultural y biológica, junto con la de otras miles de especies. El rol del sapiens ha de modificarse. La solución conmoverá los fundamentos de la entidad humana, porque si renovamos nuestro radicar en el planeta, simultáneamente parece necesaria una transformación en lo que concebimos por humanidad. Pensar conlleva actuar y viceversa.

Gracias al estado de las cosas, lo humano contempla una transformación ya sea porque está próxima su extinción o porque su constitución ontológica como habitante de la Tierra es insostenible. Esta modificación entraña al menos tres peligros.

1) La humanidad del hombre podría perecer en favor de un pragmatismo exacerbado, único rector de su habitar el mundo, volviéndose semejante a un simple y llano complejo de instintos cuya magnífica técnica sea la esclava de sus apetencias.

2) Que a causa de la catástrofe planetaria, tenga algo semejante a un retroceso monumental en cuanto a su tecnociencia, posibilidades de sobrevivencia como ser vivo y conocimiento del cosmos: algo como una actualización del arquetipo del incendio de la biblioteca de Alejandría, pero en lugar de incendiarse libros, se consumirían individuos, ciencias, artes, técnica, tecnología.

3) En el escenario más catastrófico, lo perdería todo en una extinción completa.

(Sasha Vinogradova)

La estructura del concepto del ser humano tiene repercusiones de hecho en su porvenir y en el del planeta; en su faceta de amo, no ha cuidado de su propiedad, como sojuzgador ha sido estupendo, pero poco inteligente. Un problema mayor reside en la relación entre esa “inteligencia viva” y su entorno. La diferencia entre el ser humano y el resto de los seres vivos no sirve si solo es una mera identidad —valga la redundancia— única, es decir que el animal que piensa es único sin más. Si es posible afirmar una distinción ontológica, de esta dimana su responsabilidad frente al planeta. El desastre habrá de ser resuelto, ni más ni menos, por los medios de la inteligencia y tećnica humanas, o sea con base en aquello que lo hace distinto al resto de los seres vivos.

Del dulce sueño de la industrialización desenfrenada y la orgía de consumo, el habitante del siglo XXI despierta a una pesadilla —quiera o no, con su participación o sin ella— cuyo desenlace perdurará durante siglos, incluso milenios, según el informe del IPCC. La encrucijada planetaria está dejando ver con crudeza la falibilidad del hombre como organismo viviente, pero también delinea en blancos y negros sus fortalezas y capacidades. Desde luego, arrostrar esta amenaza es tarea de la tecnología con una estricta tutela de la ciencia; no obstante, las causas y la razón del panorama general es materia de la reflexión profesional. La nueva idea del hombre ha de estar en armonía con el planeta o no viviremos para contarla.

De la voluntad de dos niños depende la existencia de la vida terrícola. Shinji Ikari y Rei Ayanami deciden, como reyes del Globo, si el hombre vive o muere, si la vida continúa o no. La construcción de esta historia apasiona porque en apenas 22 capítulos lleva al límite la situación planetaria. El umbral de la muerte está ahí, entre ambos personajes, y una parte sustantiva de la serie se resuelve gracias a la concepción de Rei acerca del alma humana: la psique se reconcilia consigo misma luego de un proceso dialógico, en el cual el dolor es una constante, sin atajos ni analgésicos. El drama de Evangelion es un símbolo de la epopeya presente, y el desenlace planetario depende de las virtudes humanas.

Por: Roberto Poblete Velázquez*

*Poblete Velázquez es licenciado en Lengua y literatura hispánicas (UV) y maestro en Filosofía (UNAM). Acostumbra pensar en dos ruedas y ejercitarse bebiendo espresso. Se ha interesado por el diálogo entre discursos teóricos, artísticos y filosóficos; sus meditaciones más constantes son la escritura y el sueño.