Un siglo y medio después, el teléfono sigue formando parte de nuestra vida diaria.

“Señor Watson. Venga aquí. Quiero verlo.” Esas fueron las palabras que se dijeron a través del primer teléfono patentado. Fue el 10 de marzo de 1876, un día como hoy de hace 140 años, que el escocés con nacionalidad estadounidense, Alexander Graham Bell, se sentó en su laboratorio de Boston para hablar por el micrófono del teléfono que él mismo había desarrollado.

Del otro lado, estaba el asistente de Graham Bell, Thomas A. Watson, quien escuchó las palabras: indistintas y apagadas, pero las escuchó. Así, Watson, que se encontraba en otro cuarto, entró al lugar en donde estaba Bell con el primer diseño de un teléfono funcional patentado. Cuando se le preguntó a Watson qué había escuchado, respondió: “Señor Watson. Venga aquí. Lo quiero.”

Para que tengan una idea de cómo fue esa llamada, a continuación les dejamos una grabación –recientemente restaurada– con la voz de Graham Bell hablando por teléfono. En ella dice: “Escuchen mi voz. Alexander Graham Bell.”

Podrá ser una simple llamada telefónica, sin embargo, es un momento histórico para los medios de comunicación. Así es como Graham Bell quedó en los anales de la historia moderna: “el inventor del teléfono”. Su hallazgo marcó el inicio de una tecnología que hoy sigue siendo uno de los recursos de comunicación más importantes de nuestra vida diaria.

Según una entrada en su diario, la idea de este invento nace en 1874: “Si pudiera hacer que una corriente eléctrica variara en intensidad precisamente como varía la densidad del aire durante la producción de sonido, debería de poder transmitir el habla telegráficamente.” A pesar de esta entrada, Bell se enfrentaría una batalla legal por la autenticidad del evento.

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Thomas A. Watson con el primer teléfono de Graham Bell (1931).

Dos años más tarde, el 7 de marzo de 1976, Bell consiguió la patente del primer teléfono, mismo con el que haría historia. Así, para el 10 de marzo, Watson se sentó en un cuarto donde estaba el auricular –o “S”, como lo llama en su diario– y recibió la primera llamada realizada por Bell, quien en otro cuarto estaba con el micrófono –al cual se refería como “M”–.

Pero la historia de este histórico momento tiene un sombrío contexto. Bell no era el único que estaba trabajando en el modelo de un teléfono. En 1860 Antonio Meucci presentó el teletrófono, el cual, por falta de dinero, no pudo patentar. Con este invento pudo transmitir la voz de un cantante a una distancia considerable. En 1871 hizo un trámite preliminar de su invento y se acercó a Western Union, quienes prolongaron la presentación de su material hasta que le informaron que lo habían perdido.

En 1876, Meucci se enteró del invento de Bell y tomó acciones legales, pero pasaron los años y no logró nada. Falleció en 1886 sin el reconocimiento de su trabajo. Fue hasta el año 2002 cuando se le dio crédito a su trabajo y contribuciones en el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

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Parte del documento que Graham Bell presentó en 1876 para patentar su invento.

Además estuvo la pugna de Bell contra su colega Elisha Gray, quien llegó a las oficinas de patentes apenas unas horas después. Gray estaba trabajando en un invento que también era capaz de transmitir la voz del emisor y llevarla a distancia. Se ha sugerido que Bell sobornó a un inspector de patentes para poder comparar la patente de Gray con la suya. Perdió la demanda dos años después.

Aun así, Graham Bell es a quien se recuerda por el invento del teléfono, y esta primera llamada del es un momento histórico para la tecnología y la comunicación. En ese entonces era inimaginable pensar que un invento así, tan común para nosotros en la actualidad, iba a funcionar (así como el Internet en su momento). Al recibir noticias del invento de Bell, en Western Union simplemente lo rechazaron, pues consideraban que era una idea que nunca iba a despegar y en la cual no valía la pena invertir.

Hoy es difícil imaginar lo que sería el mundo sin un teléfono, y así, esta llamada se convierte en mucho más que la simple emisión de frases. El evento fue tan significativo que, cuando se hizo la primera llamada transcontinental, de Nueva York a San Francisco, Bell repitió las mismas palabras. En aquella otra ocasión, Watson respondió diciéndole que le tomaría llegar una semana.

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Alexander Graham Bell realizando la primera llamada transcontinental.

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