Para el ojo no entrenado ver líneas de código Java, C++, SQL y hasta de lenguajes de programación más sencillos como Python o Ruby puede ser una verdadera tortura china.

Tal vez por eso hablar de enseñarle a los niños sobre programación (incluso desde los 4 o 5 años de edad) parece un mal chiste o el sueño guajiro de un pequeño grupo de obsesos que quieren educar a la próxima tanda de colonos de Silicon Valley.

Pero el reciente interés en la programación para el público en general tiene un enfoque más al estilo Chef Gusteau de Ratatouille. Sitios como codeacademy.com y code.org promueven la idea de que cualquiera puede aprender a programar, y esto ha despertado una ola de movimientos que buscan fomentar la alfabetización tecnológica desde edades cada vez más tempranas.

Así que siguiendo esta idea, les compartimos 7 magníficas razones para enseñarle a los niños a programar:

1. Es fácil y divertido

Hay una nueva generación de herramientas hechas para que niños y niñas desde los 7 años se familiaricen con conceptos y lenguaje básico de programación sin tener que escribir una sola línea de código.

Una de las más conocidas es la plataforma gratuita Scratch, diseñada por el grupo Lifelong Kindergarten del MIT Media Lab. Es una herramienta que le permite a los niños programar historias, juegos y animaciones interactivas en una comunidad abierta. El lenguaje de programación consiste en bloques estilo Lego que se van uniendo de forma gráfica e intuitiva. Actualmente se han compartido casi 5 millones y medio de proyectos alrededor del mundo.

Otro ejemplo es Google Blocky, disponible en Google Code, el sitio de la empresa donde se promueve el software de código abierto.  Al igual que Scratch, Blocky le permite a los niños ir armando programas como si se usaran piezas de Lego. Se empieza construyendo funciones simples hasta llegar a una aplicación completa.

También hay herramientas como Stencyl, diseñada para programar juegos publicables en cualquier plataforma (como iOS, Android, Flash, HTML5 y Windows), y apps como como Daisy the Dinosaur y Hopscotch para enseñar los principios básicos de la programación de forma amigable, visual y divertida

2. Promueve el uso activo y no el consumo pasivo de la tecnología

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Resulta que los “nativos digitales” no son ni tan nativos ni tan digitales, o por lo menos eso opina Mitchel Resnick, profesor LEGO Papert de Investigación para el Aprendizaje, cabeza del grupo Lifelong Kindergarten y uno de los creadores de Scratch.

Resnick se declara escéptico del término “nativos digitales”, ya que los jóvenes tienen experiencia y familiaridad interactuando con las nuevas tecnologías (navegando, chateando, mensajeando, jugando), pero no las saben usar para crear y expresarse. De acuerdo a Resnick “es casi como si supieran leer, pero no escribir con las nuevas tecnologías”.

Por eso, enseñarle a los niños programación ayuda a que los jóvenes tengan un verdadero manejo fluido de estas herramientas.

3. Fomenta la igualdad de género

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En muchos países se promueven activamente prejuicios y estereotipos socioculturales que alejan a niñas, adolescentes y mujeres de practicar actividades relacionadas a las matemáticas e ingeniería.

En México hay 2 mujeres por cada 8 hombres que estudian carreras relacionadas a las Tecnologías de Información y Comunicación. En Estados Unidos mientras que las mujeres conforman 57% de la fuerza laboral, sólo representan 25% en trabajos relacionados a ciencias de la computación, y apenas 3% de las startups tecnológicas son encabezadas y desarrolladas por mujeres.

Integrar el aprendizaje de programación en las escuelas es una forma de promover el acercamiento e interés temprano de niñas y adolescentes hacia el ámbito de la tecnología.

4. Es accesible hasta para los más pequeños

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Para los más chicos el movimiento de alfabetización tecnológica orientado a la programación ha elegido como trinchera los cuentos.

Uno de los primeros libros infantiles sobre el tema fue Lauren Ipsum, escrito por el ingeniero de Facebook Carlos Bueno. Esta historia de hadas al estilo geek está dirigida a niños y niñas de 5 años en adelante y busca introducir los conceptos básicos de ciencias de la computación a través de metáforas divertidas y sin hacer mención de una sola línea de código o incluso de una computadora.

De acuerdo a Bueno, “las metáforas son una parte esencial en el aprendizaje de ciencias de la computación”, y son también la materia prima de los cuentos infantiles.

Lo mismo opina Linda Liukas, cofundadora de la organización sin fines de lucro Rails Girls que busca promover el acceso a la tecnología y desarrollo habilidades de programación en niñas y mujeres jóvenes alrededor del mundo.

Linda es autora del cuento Hello Ruby para niños y niñas de 4 a 7 años. El libro se financió exitosamente a través de Kickstarter (tan exitosamente que logró recaudar 380 mil dólares a pesar de haber empezado solicitando 10 mil).  Con esta historia, Linda le enseña a los niños a aprender los grandes principios de la programación, como tomar problemas grandes y romperlos en problemas pequeños, y también a familiarizarse con la cultura open source.

5. Aprender a programar es programar para aprender

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Ésta es una de las frases más famosas de Mitchel Resnick, que compara a la programación con habilidades como la lectura. Plantea que al principio aprendemos a leer, pero eventualmente leemos para aprender; lo mismo sucede con la programación.

La idea es ver a la tecnología del siglo XXI como algo más que hardware adictivo y software de entrañas indescifrables, y convertirla en una herramienta que se puede usar, cambiar, doblar, mover y romper para crear.

Aprender a programar implica fomentar el pensamiento creativo, la comunicación de ideas, la resolución de problemas y la capacidad de diseñar proyectos. Cuando un niño aprende a programar también aprende ideas matemáticas como variables, condicionales y secuencias y desarrolla un razonamiento sistemático que le será útil en muchas otras áreas de la vida.

Además de fortalecer habilidades cognitivas, los niños y jóvenes también se van familiarizando con valores importantes de la cultura tecnológica, como la comunidad open source, la creatividad y el trabajo colaborativo.

6. Mejora el desempeño de los estudiantes en otras materias

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Foto: AEA

En Estonia, por ejemplo, se implementó en 2012 un programa piloto en el que se le enseñaría a todos los alumnos de 7 a 19 años a programar en las escuelas.

La idea no es crear generaciones enteras de programadores profesionales, sino hacer que los niños y los adolescentes desarrollen una relación más inteligente con Internet y la tecnología mientras se promueven habilidades necesarias para la programación, como la lógica.

Se trata de fomentar una estructura de pensamiento. Por eso, este tipo de proyectos resultan también en una mejor comprensión, desempeño y acercamiento de los estudiantes a otras materias como matemáticas e incluso robótica.

7. Puede ser una fuente de acceso a mejores trabajos

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Foto: Alejandro Pinto

La última razón en esta lista es también una de las más citada, pero definitivamente no la más importante. Sin embargo, es cierto que el número de trabajos para programadores y científicos de la computación está en crecimiento y que hay mayor demanda que oferta. En los próximos años, por ejemplo, se calcula que en México la demanda de ingenieros especializados en Tecnologías de la Información crecerá alrededor de 13%.

Por otro lado, la Cámara Nacional de la Industria Electrónica de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información determinó que en 2013 había “más de 2 mil empresas de tecnología aglutinadas en 38 centros de alta tecnología en 28 estados del país”, y se estima que 65 mil jóvenes al año se convierten en egresados de carreras relacionadas con las TICs.

Tal vez por eso uno de los argumentos más comunes para enseñarle a los niños a familiarizarse con la programación es el crecimiento en la demanda de trabajos vinculados al desarrollo web, de aplicaciones y de software. Pero no es realista pensar que todos los niños expuestos a las ciencias de la computación se convertirán en programadores, así que los motivos son mucho más profundos y los beneficios mucho más generales.

*Foto de portada: Stephen Chin

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