Stan “The Man” Lee, la nonagenaria estrella de los cómics es un hombre con muchos claroscuros. Lee es un ave de tempestades, idolatrado como una estrella de la cultura pop por las masas, y vilipendiado por incontables autores dentro de la industria de la historietas. Ésta es su historia.

A mediados de los años setenta, Stan Lee se reunió en su oficina con su amigo Will Eisner. Los dos iconos de los cómics eran antitéticos: Lee era el arquetipo del autor comercial, mientras que Eisner era un autor de culto (en ese entonces sólo valorado por un puñado de fans). Después de un par de tazas de café, el padre del universo Marvel le confesó que ya no quería seguir en el medio de los cómics y buscaba iniciar una carrera en el cine o la televisión, no porque le apasionaran demasiado, sino por ser medios donde se podía conseguir dinero.

“Stan me dijo que su sueño era trabajar en Hollywood […] Me contó que a Marvel no le iba bien y me dijo, ‘quiero ser guionista de televisión’ mi sueño es triunfar en Hollywood. Era 1972, y me dijo, ‘mira, me gustaría llegar a Hollywood, quiero salir de aquí, y la única manera de irme es encontrar a alguien que me sustituya’”, relató Eisner.

Lee le ofreció su puesto como editor de Marvel a Eisner. La primera propuesta de Eisner ante la cúpula directiva de Marvel fue formar un sindicato que protegiera los derechos de los autores. Sobra decir que Marvel no contrató a Eisner y Stan no pudo escapar a Hollywood… en ese momento.

De Stanley a Stan Lee

La carrera de Stanley Martin Lieber en la industria de los cómics inició poco después de graduarse de la preparatoria DeWitt Clinton, ubicada en el peligroso Bronx de Nueva York. Gracias a sus clases de literatura, el joven Lieber tenía aspiraciones artísticas, y tenía muy claro cuál era su sueño: escribir “la gran novela americana“. Sin embargo, sus gustos literarios no eran precisamente “refinados”. Lieber pasaba de James Joyce y prefería por mucho la literatura de aventuras, de misterio e incluso un poco de las novelas de horror de la época, por eso entre sus escritores de cabecera destacaban Arthur Conan Doyle (Las Aventuras de Sherlock Holmes), H. G. Wells (La Guerra de los Mundos), Edgar Rice Burroughs (Tarzán) y Robert Louis Stevenson (El Extraño Caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde). Además, era un gran fan del cine de aventuras, sobre todo de las películas de Errol Flynn (The Adventures of Robin Hood).

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Lamentablemente para el aspirante a escritor, en ese momento las esferas de la alta cultura estaban vedadas para la comunidad judía, de la que él formaba parte. En los años treinta uno de los pocos reductos artísticos donde aceptaban a los miembros de la comunidad era en el medio de los cómics. Aprovechando que Moe “Martin” Goodman, el esposo de su prima, era uno de los dueños de la incipiente editorial Timely, dedicada a publicar pulps y cómics, un Lieber de 17 años comenzó a ir a asomar la cabeza a la editorial. El “padre del universo Marvel” no sabía que un inesperado encuentro con el dibujante y guionista Joe Simon le cambiaría la vida.

“La editorial era un negocio familiar. El estudio de Goodman estaba lleno de familiares suyos, estaban sus tres hermanos y su tío Robby, que siempre se daba sus vueltas por ahí. Un día el tío Robby trajo al pequeño Stanley, en ese entonces sólo tenía 17 años, y sin pensarlo mucho lo contraté para que fuera el chico de los recados. Él se dedicaba a limpiarnos el escritorio a mí y a Jack Kirby; poco a poco lo enseñé a hacer guiones” indicó en una entrevista Joe Simon, el creador del Capitán América.

A pesar de estar agradecido por tener un trabajo dentro de la compañía familiar en una época complicada, en la que Estados Unidos intentaba reponerse luego de la Gran Depresión, Stanley no estaba a gusto con su empleo, él sentía que la industria de los cómics era de una categoría inferior a sus grandes aspiraciones. Por eso no se tomaba muy en serio su trabajo, que pensaba sería temporal y solamente un escalón que le permitiría saltar a un medio diferente y más prestigiado.

“El primer recuerdo que tengo de Stan Lee es el de un adolescente que llegaba tarde al trabajo y se sentaba sobre mi escritorio, se ponía a tocar la flauta y no me dejaba trabajar. Yo me tomaba muy en serio mi trabajo, pero él no se tomaba en serio nada. […] Stan era una peste. Le gustaba molestar y burlarse de la gente y eso era una cosa que yo no podía aguantar. Pero no podía hacer nada porque él era el primo político del jefe [Martin Goodman]. Stan era un recadero, corría de arriba a abajo por Nueva York, haciendo y llevando todas las cosas que le ordenaban. Era el tipo de persona que tiraba puertas, que se acercaba por tusas espaldas y miraba lo que hacías. Te fastidiaba de varias formas” recordó en un par de entrevistas el mítico Jack “The King” Kirby.

A pesar de que Lieber no era “monedita de oro”, Joe Simon vio mucha creatividad y potencial en él, por eso lo incentivó para que escribiera una historia del Capitán América. Stanley aceptó, pero no estaba dispuesto a firmar sus historias con su nombre real, porque podía “quemarlo” cuando diera el salto a medios más importantes.

“Inventé el seudónimo de Stan Lee (que sonaba igual a Stanley) porque pensaba que algún día estaría escribiendo la gran novela americana y yo no quería que los futuros editores asociaran mi nombre real con esos ridículos cómics”, mencionó Lee en una entrevista para CNN.

Así, en 1941 inició la carrera de Stan Lee en el medio de los cómics como guionista de una historia de relleno, de sólo dos páginas de duración, que apareció dentro de Captain America Comics #3. Pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió momentáneamente su ascenso en la industria.

La primer historia firmada por Stan Lee (de sólo 2 páginas) apareció para rellenar Captain America #3.

La crisis de los 40 (años)

Stanley Lieber se enlistó en el ejército en 1942, pero gracias a su paso por el mundo editorial no pisó el frente de guerra y se hizo cargo de escribir manuales y, luego de un pequeño ascenso, se encargó de guionizar cortometrajes para el ejército. Gracias a eso fue uno de los únicos 9 escritores que se ganaron el título de “dramaturgos” del ejército de Estados Unidos.

Lieber permaneció en el ejército hasta 1945, y ahí se dio cuenta de que ya no quería ser escritor de novelas, sino guionista de cine en Hollywood. Stanley sabía que ese era un trabajo que podía hacer sin problemas, y que le proporcionaría mucho dinero y mayor prestigio personal que las historietas. Pero por presiones familiares tuvo que regresar a Timely, aunque ahora como editor de la división de cómics de la editorial.

Stan Lee trabajando durante su época en el ejército.

A su regreso del ejército se dio cuenta de que los cómics de superhéroes ya no vendían y publicó mayoritariamente cómics de romance, vaqueros, ciencia ficción y algunos de terror. Stanley combinaba su trabajo como editor a la par que guionizaba algunos cómics (siempre firmando como Stan Lee). Así permaneció durante años, cada vez viendo más lejos su oportunidad de saltar a otro medio, sintiendo que desperdiciaba su talento en un medio que no le interesaba, guardando su fuerza creativa y sólo usando su creatividad a cuenta gotas.

Inesperadamente, en 1961, cuando estaba a un año de cumplir 40, un Stanley casi ya calvo y con la compañía (ya rebautizada como Marvel Comics) al borde de la quiebra, lanzó un cómic que marcó un antes y un después en el mundo de las historietas: Fantastic Four. Con esa historia Lee ayudó a revivir el furor por los superhéroes y le abrió al medio un nuevo público que no estaba asociado con los cómics: los universitarios.

La era Marvel

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La historia detrás de la creación de los Fantastic Four y el nuevo boom por los superhéroes es espinosa. Supuestamente durante un partido de golf entre Martin Goodman, dueño de Marvel, y Jack Liebowitz, editor de DC Comics, este último le reveló a su rival que su cómic mejor vendido era Justice League, donde reunía a los héroes más importantes de la editorial. Goodman mandó a llamar a Lieber y le dijo que tenía que copiar la fórmula del supergrupo de la “Distinguida Competencia” y armar uno propio. Sin saber cómo desarrollar una historia de un equipo de bienhechores, sobre todo porque en ese momento la editorial no tenía grandes héroes en su catálogo, Stanley finalmente decidió hacer caso al consejo de su esposa:

“Hazlos como a ti te gustaría leer un cómic. Mete tus propias ideas en la historia. ¿Qué es lo peor que podría pasarte? ¿Qué te despidieran?”, supuestamente dijo Joannie Lieber, la esposa de Stanley.

Jack Kirby, el dibujante de Fantastic Four, recuerda que el impulso para la historia y el retorno de los cómics de superhéroes fue otro. Supuestamente se aprovechó de un día que vio a Stanley llorando, en crisis por las deudas que estaban por mandar a la quiebra a la compañía. Al ver quebrado emocionalmente al editor, se atrevió a sugerirle que los superhéroes podían volverse a poner de moda.

“Los superhéroes no estaban de moda, y yo quería que volvieran, tuve que batallar mucho para eso. Stan Lee fue mi instrumento para conseguirlo. Él me ayudó a convencer a Martin Goodman de volver a sacar cómics de superhéroes”, dijo Kirby.

Sea cual sea el impulso inicial detrás de Fantastic Four, la dupla Lee-Kirby fue un éxito y los cómics de Marvel comenzaron a venderse como pan caliente, sobre todo entre los niños y los adolescentes, pero también entre los universitarios, un público al que DC Comics no había conseguido atraer.

De acuerdo con Lee, Fantastic Four también fue el primer cómic que cimentó “el estilo Marvel”, una novedosa forma de realizar cómics que revolucionó al medio. El ahora famoso “estilo Marvel” fue la fórmula creativa que usaron Lee y Kirby para dar forma a sus obras. El proceso era el siguiente: Lee mandaba a traer a Kirby, le contaba a muy grandes rasgos la historia que quería publicar, Jack se marchaba y regresaba con toda la historia dibujada a lápiz tal y como él la había entendido, luego Stan escribía sobre los dibujos los diálogos y, finalmente, el cómic completo se mandaba a entintar.

A pesar de que el estilo Marvel fue reconocido como el secreto detrás del éxito de Marvel, por fomentar la creatividad de todos los involucrados en la historieta, no todos lo veían como algo positivo:

“¿Has visto como funciona ese sistema? Le dan un resumen de toda la historia al dibujante de menos de una cuartilla ¡Toda la responsabilidad recae en el dibujante! Luego el guionista pone los diálogos donde mejor entiende, muchas veces estropeando la composición del dibujo. He visto algunos trabajos magníficos arruinados porque los diálogos se han colocado con mal criterio”, señaló Joe Kubert en una entrevista.

Jack Kirby, que con el paso de los años se convirtió en el más grande detractor de Stan Lee, incluso declaró que el estilo Marvel era una chapuza, y que en realidad las historias de los Fantastic Four le deben muy poco al editor en jefe de Marvel.

“Stan Lee no escribía, todos los guiones eran de mi cosecha. Por ese entonces yo ya era un autor maduro, comencé a intelectualizar las historias, y sin querer comencé a llegarle a los universitarios. Es cierto que Stan no me dejaba escribir los diálogos de los cómics, pero yo escribía el guión completo de la historia debajo de las viñetas, nunca le explicaba los guiones, porque en realidad yo no veía nunca a Stan. Yo escribía el guión debajo de las viñetas para que, cuando él hiciera los diálogos, el guión estuviera ahí. Es decir, él no sabía de que trataban las historias, y en realidad le daba igual, porque ya tenía suficiente trabajo siendo editor. Ni siquiera sé si él escribía los diálogos. Por lo que sé, Stan Lee sólo escribía los títulos de créditos.  […] ¡Stan Lee y yo nunca colaboramos en nada! De hecho nunca he visto a Stan escribir. Creo que solamente era una forma de tener dos sueldos, como editor y como escritor. El hombre sabía cómo aprovecharse de quien sea que estuviera trabajando para él” recordó en un par de entrevistas Jack Kirby.

El dibujante, que en sus últimos años de vida estaba amargado porque nunca recibió el reconocimiento como co-creador de los incontables personajes de Marvel que diseñó, sostenía que Lee se aprovechaba de todos los dibujantes de la empresa. A pesar de que las acusaciones de Kirby suenan desproporcionadas, todos los que colaboraron con Lee coinciden en que sus “guiones” llegaron a ser sumamente raquíticos. Como cuando la única indicación inicial para Fantastic Four #48 (con la primera aparición de Galactus) fue una nota en la que estaba escrito “los Fantastic Four se encuentran con Dios”.

“Stan no sabía ni siquiera lo que era una mutación o los rayos cósmicos. Yo estudiaba cosas como esas todo el tiempo. Las veía en los periódicos y en revistas científicas. Yo solía leer mucha ciencia ficción y poco a poco empezaba a crear mis propios patrones, mis propios tipos de personajes. Stan Lee no piensa de la manera en la que yo pienso. Stan Lee no piensa en personas reales cuando piensa en personajes. Yo, en cambio, los veo como seres reales, con sentimientos y razones de ser”, recalcó Kirby.

Stan, en entrevistas recientes, ha dicho que siempre le interesó la ciencia y buscó que sus personajes respetaran las leyes de la física, aunque sus explicaciones son un poco extrañas:

“Cuando Superman vuela, no tiene una explicación visible de cómo lo hace. Thor, en cambio, tiene ese martillo, y lo hace girar tan rápido como una hélice. ¡Y allá vamos! Ahora, el martillo está atado a su muñeca. Así que cuando el martillo sale disparado al espacio, se lo lleva junto con él. Y así es como vuela. ¡Hecho indiscutible! Y esa es la diferencia entre nosotros y la competencia”, relató Stan a la PBS.

Pero ni los mayores detractores de Stan Lee pueden demeritar que él, como editor de Marvel, fue el primero dentro de la industria en darle crédito a los entintadores, coloristas y rotuladores, que se sumaron a los escritores y dibujantes en el cuadro de presentación de las historias.

Además, para bien y para mal, Stan Lee se convirtió en el gurú del mundo de los cómics en los medios masivos de comunicación. Él dio un sinnúmero de conferencias en universidades (que comenzaban a voltear a ver a los cómics luego del gran revuelo que provocó Apocalípticos e Integrados de Umberto Eco) y hablándole a la juventud con su propio lenguaje, volviendo famosas sus frases “¡Excélsior!” y “Saludos verdaderos creyentes”.

El “rejuvenecido” y alocado Stan Lee de los años sesenta contrastaba con el calvo y aseñorado Stanley Lieber.

Como era de esperarse, Lee no podía hablarle a los jóvenes con su estampa de maduro hombre de negocios de 40 años, por eso construyó todo un personaje a su alrededor, se vistió a la moda de la época, se colocó un peluquín que ya nunca abandonó, portó unos lentes negros –que tampoco ha dejado de usar desde entonces– y asumió un tono parlanchín de vendedor de autos usados.

“Stan Lee no ha cambiado desde los años treinta, Stan Lee ha sido Stan Lee desde que lo conozco. He ahí un hombre que llevó los cómics al Carnegie Hall, es el Showman definitivo. Stan demostró que entendía claramente al público al que se dirigía y conectaba con ellos, sabía cual era su público, no tenía ninguna pretensión intelectual en lo que hacía, ese fue el punto álgido de la era Marvel”, recordó Will Eisner, amigo de Lee y creador de The Spirit.

A partir de entonces Stan Lee construyó su leyenda. Su tono épico y su sentido del marketing ayudaron a cimentar la Era Marvel y a definir el mundo de los cómics comerciales. Junto a Kirby y otros importantes dibujantes de la época, como Steve Ditko, creó a la mayoría de los personajes más importantes de la editorial, incluyendo a los Fantastic Four, los X-Men, Iron Man, Thor, Doctor Strange, Daredevil, el increíble Hulk, los Avengers, Black Panther, Silver Surfer, Nick Fury, y al héroe que, con el tiempo, se convirtió en el emblema de la empresa: el sorprendente Spider-Man.

Aunque, una vez más, los críticos de Stan Lee sostienen que tomó más crédito del debido en la creación de los personajes.

“Spider Man sería recordado como un cómic interesante que salió en los años 60 de no ser por la personalidad que le imprimó Steve Ditko. La gente atribuye gran parte del mérito de lo que pasó en Marvel a Stan Lee, ya que los guionistas son a menudo los que cuentan mejor la historia, la gente que dibuja para ganarse la vida tiene menos tiempo libre, porque dibujar consume mucho tiempo, y los dibujantes acostumbran ser muy poco elocuentes, e incluso huraños, como el mismo Ditko o Jack Kirby”, señaló el dibujante y guionista Frank Miller.

Jack Kirby, incluso llegó a afirmar que Stan le robó la idea de Spider-Man:

“A Spider-Man lo ideamos entre Joe Simon y yo antes del boom de los superhéroes en los años 60. Teníamos un guión titulado The Silver Spider que iba a aparecer en una revista llamada Black Magic, pero cerró y nos quedamos con el guión en las manos. Recuerdo que le dije a Simon que podíamos transformar al personaje en un superhéroe y así nació Spider-Man, yo tenía mucha fe en los superhéroes, sabía que podían volver a ser populares, pero Joe decidió no seguir adelante con el proyecto. Fue entonces que yo fui a ver a Stan y le presenté la idea, recuerdo que nuestro guión ya estaba muy avanzado”, rememoró Kirby en una más de sus críticas a Lee.

No extrañará a nadie saber que, años después, cuando Kirby dejó Marvel por sentir que no le daban el crédito que creía merecer, al mismo tiempo que encumbraban a Lee, emigró a DC y creó a Funky Flashman, un villano menor de Mr. Miracle que no era otra cosa que una parodia de Stan Lee. Se trataba de un mañoso empresario que engañaba a sus víctimas usando la jerga de la juventud, así como una peluca y una barba falsa (además de ropa funky) para lucir más joven… igualito que Lee.

Funky Flashman, la forma que encontró Jack Kirby de vengarse de Stan Lee.

A pesar de las fuertes declaraciones en su contra, Lee ha sido menos duro con los grandes artistas con los que colaboró en la época de mayor esplendor de la Era Marvel:

“Siempre me aseguré de que sus nombres [de Kirby y Ditko] aparecieran al lado del mío con una tipografía tan grande como la que me anunciaba a mí. En cuanto a lo que se les pagaba, yo no tenía nada que ver con eso. Ellos fueron contratados como dibujantes freelance, y trabajaron como dibujantes freelance. En algún momento ellos pensaron que debían recibir más dinero. Bien, era tarea de ellos hablar con el editor. Eso no tenía nada que ver conmigo. A mí me hubiera gustado también que me pagaran más. Y posteriormente, cuando salió de la empresa, dos veces, no una vez, sino dos, le ofrecí trabajo a Jack Kirby. Yo le dije, “Jack, ¿Por qué no trabajas conmigo en Marvel?” Yo era el director de arte de Marvel en ese momento. Le dije: “Tú serás el director de arte. Y yo seré el editor y escritor principal de la compañía.” Él no lo aceptó. No quería un trabajo en la compañía. Para mí, tanto él como Ditko, no fueron tratados injustamente por la empresa. Jack era un gran tipo y también lo es Steve. Lamento que ellos se hayan sentido molestos conmigo. Yo los quería mucho.”, dijo Lee en una entrevista para Playboy.

La importancia de llamarse Stan Lee

En la época de mayor auge de los cómics de Marvel, cuando tenían ventas millonarias, dominaban la industria y marcaban el paso de la competencia, Lee se convirtió en el vocero de toda la industria de los cómics. Tal vez, como suelen menospreciar los críticos, al estilo de un vendedor de autos, pero logró promocionar como ningún otro autor al género, volviéndose poco a poco una figura de la cultura pop.

“Stan es un tipo muy interesante, y de hecho ahora es más interesante de lo que ha sido en toda su carrera. Él entendía algo que la mayoría de la gente de este negocio nunca entiende de verdad, entendía el mercado en el que se movía entre los años sesenta y los años setenta, incluso más que Image o cualquiera de las grandes editoriales entiende el mercado de hoy en día”, sostenía Will Eisner a principios de los noventa.

Es difícil negar que Lee restó méritos a otros creadores, y sobreestimó los propios, pero es igualmente imposible discutirle méritos como promotor de las historietas, así fuera si su única razón detrás de la promoción desmedida de su imagen era dar el salto a otro medio.

“Stan Lee se encargó de promocionar los cómics como objeto, tuvo la increíble habilidad de promocionar el medio, promocionarse a sí mismo y promocionar a los personajes. Pero en todo se ha quedado tal y como era desde que lo conozco, lo que estas viendo ahora es lo que fue hace años. Le encanta estar metido en las películas, en Hollywood, es lo que a él le encanta” señaló Eisner.

Lee permitió a algunos de los más grandes talentos de la industria del cómic dar rienda suelta a sus deseos creativos en las historias de Marvel de los años sesenta, permitiendo que los lectores disfrutaran de grandes piezas del mundo del cómic que, en otras editoriales, difícilmente se hubieran publicado antes del auge de la Era Marvel.

“Stan tenía una capacidad innata para hipnotizar a todo el mundo, era capaz de estimular a la gente con talento, dejando a un lado lo que hiciese o dejase de hacer, ésa fue su mayor aportación al medio”, mencionó Eisner en su momento.

Incluso Frank Miller, un autor que ha sido muy crítico con el trabajo de Lee, ha reconocido algunas virtudes del “amo de los cameos”.

“Salió a la palestra en una época en que este negocio era puro circo, y se aprovechó de su talento para ser un gran vendedor de autos”.

Otro de sus grandes detractores, Neil Adams, afirma que sin Lee no hubiéramos podido disfrutar el talento de sus colaboradores.

“Stan colaboró con todo el mundo e hizo que todo fuera posible. Para mí el auténtico genio fue Jack Kirby, pero Stan lo hizo posible, consiguió que el trabajo de Kirby -un autor maduro y con muchos años en el negocio- fuera una especie de novedad para los jóvenes de los sesenta”, recordó Neil Adams.

Por si fuera poco, en las últimas décadas, y después de fallidos intentos anteriores (sobre todo en el campo de la animación), Stan Lee finalmente conquistó Hollywood (y ahora incluso busca dar el salto a Bollywood) con sus incontables cameos en las películas de los personajes que creó junto con otros, volviéndose una celebridad masiva, una auténtica estrella de cine, popular incluso entre los no lectores de cómics, que esperan pacientemente verlo brevemente en las películas de Marvel Studios.

Stan en el presente

A pesar de ser reconocido por incontables fans como el padre del universo Marvel, un personaje histórico del medio del cómic, y una auténtica estrella de cine, no sabemos si Stan Lee se siente realizado y sea feliz. Actualmente Stan ya no tiene ningún tipo de poder de decisión en Marvel, ahora propiedad de Disney, y es sólo una figura decorativa.

“No tengo algún tipo de influencia actual dentro de Marvel, no tengo voto con respecto a los proyectos que realizan, y, obviamente, no tengo ninguna relación con Disney, quienes ahora son dueños de Marvel. Sólo soy un tipo que a veces contratan como escritor de cómics o productor de sus películas, algunas veces para ir a las convenciones y hacer cosas promocionales. Para ellos soy, sobre todo, solamente una cara bonita que mantienen para el público. Mi papel actual en Marvel es estrictamente honorífico”, señaló Lee.

Además, aun cuando Marvel públicamente lo presenta como el creador de sus personajes, Lee no posee los derechos sobre ninguno de los populares héroes de la editorial:

“Siempre fui un empleado de Marvel, un escritor a sueldo y, más tarde, parte de la dirección de la empresa. Marvel siempre ha tenido los derechos de todos los personajes. […] Mi hija estaba mirando el Internet el otro día y me dijo que leyó que Stan Lee tiene un estimado de 250 millones de dólares. ¡Eso es ridículo! Yo no tengo 200 millones. Yo no tengo 150 millones. Yo no tengo 100 millones o alguna cifra medianamente cercana a esa.”

Una confesión tremenda, y que transmite cierto grado de rencor en contra de Marvel, sobre todo viniendo de un hombre que, según recordó Will Eisner, en un momento de sinceridad le dijo:

“Lo único que siempre he querido hacer en mi vida es ganar dinero. Es ser rico, pero ¿Cómo saber cuándo uno ya es rico?”.

Sin embargo, no sólo se vive de dinero. El 27 de septiembre del 2016 el ayuntamiento de los Ángeles anunció en una ceremonia pública que, a partir de este año, todos los 28 de octubre se celebrará en la ciudad el Día de Stan Lee. Segundos después del anuncio, el icono de los cómics se mostró emocionado por el honor y, al borde de las lágrimas, agradeció a todos los funcionarios por el reconocimiento. Pocos de los presentes sabían que con eso Stanley Martin Lieber cumplía su sueño: conquistar la ciudad donde se encuentra la meca del cine.

fuente Eisner/Miller (Will Eisner-Frank Miller), Kirby: King of Comics (Mark Evanier), Shop Talk (Will Eisner), CNN, Playboy, The Comics Journals

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